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DANIELLE STEEL, LA MANSIÓN, CAPITULO 31.

31

AQUELLA NAVIDAD, SIN JON, HABRÍA SIDO DESOLADORAMENTE SOLITARIA PARA SABRINA SI NO HUBIERA CONTADO CON LA COMPAÑÍA DE ANTOINE Y ANDRÉ. DE NINGÚN MODO QUISIERON QUE LA PASARA SOLA. SE PRESENTARON EN LA MANSIÓN THURSTON CON UN ABETO Y UNAS YEMAS QUE ANTOINE HABÍA PREPARADO, Y LA ANIMARON, BROMEARON CON ELLA E HICIERON LO POSIBLE PARA DIVERTIRLA. LUEGO FUERON JUNTOS A LA MISA DE MEDIANOCHE Y CANTARON VILLANCICOS. SABRINA, EMOCIONADA, DERRAMÓ LÁGRIMAS DE AGRADECIMIENTO. LOS TRES FORMABAN UN GRUPO ALEGRE Y BIEN AVENIDO. SIN LOS DOS HOMBRES, SABRINA SE HABRÍA QUEDADO SOLA EN CASA LLORANDO Y PENSANDO EN EL MALESTAR QUE CAMILLE LE HABÍA LLEVADO; MAS, CON LOS DOS FRANCESES A SU LADO, LE FUE IMPOSIBLE TENER UN SOLO INSTANTE DE DEPRESIÓN. EL DÍA DE NAVIDAD, SU ESTADO DE ÁNIMO HABÍA MEJORADO MUCHO, Y ANTOINE VOLVIÓ A NAPA PARA VOLVER A REUNIRSE CON LOS HOMBRES. PERO ANDRÉ SE QUEDÓ CON SABRINA PARA PODER IR JUNTOS AL BANCO AL DÍA SIGUIENTE. AUNQUE TODO LES IBA A PEDIR DE BOCA, QUERÍAN PEDIR OTRO PRÉSTAMO CON EL FIN DE COMPLETAR EL EQUIPAMIENTO QUE NECESITABAN PARA LOS TRABAJOS DE LAS VIÑAS. ANDRÉ MOSTRABA GRAN HABILIDAD Y ACIERTO EN LA FORMA DE LLEVAR LAS COSAS. POR ENTONCES, YA HABÍAN LIMPIADO Y DESPEJADO LOS TERRENOS.

—HASTA MI SELVA ME PARECE AHORA MARAVILLOSA —BROMEÓ SABRINA—. APENAS LA RECONOZCO.

—¡YA VERÁ CUANDO PRUEBE NUESTRO VINO!

ANDRÉ HABÍA LLEVADO UNA BOTELLA DE MOËT & CHANDON. CUANDO ANTOINE SE HUBO MARCHADO, AMBOS SE QUEDARON CONTEMPLANDO EN SILENCIO EL ÁRBOL DE NAVIDAD. LUEGO, ANDRÉ SE VOLVIÓ HACIA SABRINA Y LA OBSERVÓ CON ADMIRACIÓN. CON LO MUCHO QUE HABÍA TENIDO QUE SOPORTAR AQUEL AÑO, SE ENCONTRABA CASI RECUPERADA Y CON NUEVOS BRÍOS. NO ERA UNA MUJER CORRIENTE. HACÍA YA TIEMPO QUE AMELIA SE LO HABÍA DICHO, Y NO SE HABÍA EQUIVOCADO. ERA EXTRAORDINARIA. AMABLE Y AFECTUOSA, PERO MÁS FUERTE QUE CUALQUIER OTRA MUJER QUE HUBIERA CONOCIDO. QUIZÁ MÁS QUE AMELIA. AMELIA ERA COMO SABRINA HUBIERA QUERIDO QUE FUESE SU MADRE. PERO NO PODÍA ENGAÑARSE. SABÍA EXACTAMENTE CÓMO ERA CAMILLE. UNA ZORRA CARENTE DE DIGNIDAD, UNA MUJER QUE HABÍA INTENTADO DESPOSEERLA DESHONESTAMENTE DE CUANTO TENÍA. INCLUSO EN EL ÚLTIMO MOMENTO, ANTES DE MARCHARSE, LE HABÍA ROBADO UNA PEQUEÑA PINTURA. SABRINA HABÍA VISTO CÓMO LA ESCONDÍA EN UNA DE SUS MALETAS, PERO PREFIRIÓ NO DECIRLE NADA. AQUEL DETALLE CARECÍA DE IMPORTANCIA AL LADO DE LA SUERTE QUE SUPONÍA HABERSE LIBRADO DE ELLA.

SABRINA, TODAVÍA CON LA MIRADA FIJA EN EL ÁRBOL DE NAVIDAD, ROMPIÓ EL SILENCIO:

—HA SIDO UN AÑO SORPRENDENTE, ¿VERDAD?

—DESDE LUEGO.

—PARA MÍ HA SIDO BUENO Y MALO. USTED Y ANTOINE HAN SIDO LOS MEJORES DONES QUE PODÍA ESPERAR. NO HA RESULTADO MALO DEL TODO.

—CLARO QUE NO —ASINTIÓ ANDRÉ; PERO AMBOS SABÍAN QUE SERÍA DIFÍCIL RECUPERAR A JON. AUNQUE SABRINA HABLABA POCO DE ÉL, LE HABÍA SIDO IMPOSIBLE PALIAR LA TRISTEZA QUE LE HABÍA CAUSADO LA CASI SEGURA PÉRDIDA DE SU HIJO. ERA ALGO DEMASIADO PENOSO PARA HACERLO OBJETO DE COMENTARIO EN AQUEL MOMENTO, POR LO QUE OPTÓ POR DISIMULAR SU AFLICCIÓN BROMEANDO CON ANDRÉ.

AL OTRO DÍA, DESPUÉS DE HABER LLEVADO A CABO LAS GESTIONES PREVISTAS EN EL BANCO, SALIERON JUNTOS PARA NAPA, DONDE SABRINA PASÓ EL RESTO DE LA SEMANA. YA NO TEMÍA DEJAR LA MANSIÓN THURSTON SIN VIGILANCIA. HABÍA HECHO CAMBIAR LAS CERRADURAS EL MISMO DÍA EN QUE CAMILLE SE HABÍA MARCHADO, Y NI SIQUIERA JON TENÍA AÚN LAS NUEVAS LLAVES. SABRINA DISPONÍA AHORA DE SU PROPIA HABITACIÓN EN LA CASA DE CAMPO QUE ANDRÉ HABÍA ALQUILADO OCHO MESES ANTES. ÉL Y ANTOINE ESTABAN YA PLANEANDO LA CONSTRUCCIÓN DE SU OTRA CASA; PERO, DE MOMENTO, SE ALOJABAN TODOS EN LA ÚNICA QUE TENÍAN, LO QUE NO DESAGRADABA A SABRINA. LOS HOMBRES LE DEMOSTRABAN GRAN AFECTO, Y ELLA EMPEZABA YA A CHAPURREAR EL FRANCÉS CON ELLOS.

DESPUÉS DEL DÍA DE AÑO NUEVO, ANDRÉ LA LLEVÓ DE NUEVO A LA MANSIÓN THURSTON. DEJANDO ATRÁS LOS LUGARES DE SAN FRANCISCO CONOCIDOS POR BAY BRIDGE Y BROADWAY, Y TORCIERON HACIA EL SUR POR LAS CALLES DE CALIFORNIA Y TAYLOR Y LLEGARON POCO DESPUÉS A NOB HILL. ANDRÉ DETUVO EL COCHE FRENTE A LA MANSIÓN Y LLEVÓ LAS MALETAS AL INTERIOR. QUERÍA QUEDARSE UN PAR DE DÍAS EN LA CIUDAD PARA TRABAJAR CON SABRINA. POR LA NOCHE, PASARON VARIAS HORAS EN LA BIBLIOTECA PARA DEDICARSE A UNA BUENA TANDA DE TRABAJO BUROCRÁTICO. COMPARTÍAN LA RESPONSABILIDAD DEL NEGOCIO Y, EN CIERTO MODO, AQUELLA TAREA RECORDÓ A SABRINA SUS VIEJOS TIEMPOS EN LAS MINAS, DESPUÉS DE LA MUERTE DE SU PADRE. AL MENCIONARLO A ANDRÉ, ÉSTE LE DIJO:

—DEBIÓ DE SER UNA ÉPOCA MUY DIFÍCIL PARA USTED.

—SÍ, LO FUE —RESPONDIÓ SABRINA SONRIENDO—. PERO ME PERMITIÓ APRENDER MUCHO.

—YA ME HE DADO CUENTA DE ELLO. PERO NO PUEDE DECIRSE QUE SEA UNA MANERA AGRADABLE DE APRENDER.

—QUIZÁ NO ESTABA DESTINADA A APRENDER LAS COSAS CON COMODIDAD.

SABRINA VOLVIÓ A PENSAR EN CAMILLE Y JON Y EN EL SUFRIMIENTO Y LA DECEPCIÓN QUE LE HABÍAN CAUSADO. ANDRÉ LA MIRÓ A LOS OJOS Y LE HIZO UNA PREGUNTA INESPERADA, SOBRE ALGO QUE SE HABÍA PREGUNTADO DURANTE LARGO TIEMPO. HACÍA YA DIEZ MESES QUE ERAN BUENOS AMIGOS, PERO NUNCA HABÍAN HABLADO DE CIERTAS COSAS. SABRINA RARAMENTE LE MENCIONABA A JOHN HARTE, Y ERAN POCAS LAS VECES QUE ANDRÉ LE MENCIONABA A SU ESPOSA. SU MUJER HABÍA MUERTO CUANDO ANTOINE TENÍA SÓLO CINCO AÑOS, Y HABÍA VIVIDO SIN COMPAÑÍA FEMENINA DURANTE MUCHO TIEMPO. EN SUS ÚLTIMOS TIEMPOS DE RESIDENCIA EN FRANCIA SE HABÍA ENCARIÑADO DE UNA MUJER, PERO AHORA TODO HABÍA TERMINADO. POR UNA RECIENTE CARTA DE ELLA, SE ENTERÓ DE QUE SU AFECTO SE HABÍA INCLINADO HACIA OTRO HOMBRE. PERO LA NOTICIA NO LE ACONGOJÓ. SE LO HABÍA TEMIDO CUANDO, AL DEJAR SU PAÍS, ELLA NO QUISO ACOMPAÑARLE A AMÉRICA. AHORA LE IMPORTABA MUCHO MÁS LA VIDA DE SABRINA. POR ELLO LE PREGUNTÓ:

—¿CÓMO ERA SU ESPOSO?

SABRINA RESPONDIÓ SONRIENDO:

—MARAVILLOSO. —SE ECHÓ A REÍR—. A DECIR VERDAD, AL PRINCIPIO, NO NOS TENÍAMOS DEMASIADA SIMPATÍA. SE HABÍA EMPEÑADO EN COMPRARME LAS MINAS. ÉL ERA DUEÑO DE OTRA MINA Y COMPETIDOR MÍO —ANDRÉ RIÓ IMAGINÁNDOSE AQUELLA PENDENCIA—. PERO AL FINAL… —SONRIÓ CON NOSTALGIA— LLEGAMOS A UN ARREGLO. PERO NO CREA… —SU ROSTRO RECOBRÓ LA SERIEDAD—. NUNCA LE PERMITÍ QUE FUSIONARA SU MINA CON LAS MÍAS, NI SIQUIERA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS. PERO CÓMO LO LAMENTÉ DESPUÉS… LE DI UNOS MALOS RATOS… ¿Y PARA QUÉ? AL FIN, DESPUÉS DE SU MUERTE, LAS UNÍ. HABÍA SIDO UNA ESTUPIDEZ NO FUSIONARLAS ANTES.

—¿POR QUÉ NO QUERÍA HACERLO?

—CREO QUE QUERÍA PROBARLE ALGO: QUE ERA INDEPENDIENTE Y NO UNA PARTE DE MI MARIDO. ÉL, CON SU GRAN PACIENCIA, ME SIGUIÓ LA CORRIENTE Y LLEVÓ LAS COSAS A MI GUSTO, AUN SABIENDO QUE DE AQUELLA MANERA TODO RESULTABA MÁS COMPLICADO. —MIRÓ A ANDRÉ A LOS OJOS—. LO QUE ENTONCES APRENDÍ DE ÉL ME HA PERMITIDO SER AHORA UNA MEJOR SOCIA DE USTED.

—ES UNA MUJER MARAVILLOSA —LE DIJO ÉL SONRIENDO; E HIZO UNA CÓMICA MUECA—. ¡EXCEPTO COCINANDO Y HABLANDO FRANCÉS!

—¿CÓMO PUEDE DECIR ESO? —SE PUSO A REÍR—. LA SEMANA PASADA, LES HICE A USTEDES UNA TORTILLA.

ERA LA UNA DE LA MADRUGADA, Y NO SE CANSABAN DE HABLAR Y BROMEAR EN LA BIBLIOTECA, A PESAR DEL CANSANCIO QUE SENTÍAN…, UNIDOS POR UN AMBIENTE DE PERFECTA ARMONÍA.

—¿NO VIO LO ENFERMOS QUE NOS PUSIMOS? —DIJO ANDRÉ BROMEANDO Y TIRANDO SUAVEMENTE DE UNA DE LAS TRENZAS QUE SABRINA LLEVABA. A SUS OJOS, ÉSTA PARECÍA MUCHO MÁS JOVEN DE LO QUE ERA, APRECIACIÓN PLENAMENTE JUSTIFICADA, PUES CUALQUIERA QUE NO LA HUBIESE CONOCIDO BIEN LA HABRÍA CONSIDERADO UNA DOCENA DE AÑOS MÁS JOVEN—. PARECE UNA INDIA, UNA INDIA HERMOSA, CLARO… —AQUELLAS PALABRAS LE RECORDARON A SABRINA LUNA DE PRIMAVERA; Y LE HABLÓ A ANDRÉ DE LO FASCINANTE QUE ERA LA MUCHACHA INDIA Y LE CONTÓ QUE HABÍA EVITADO QUE DAN LA VIOLARA—. NO HA LLEVADO UNA VIDA PRECISAMENTE ABURRIDA, QUERIDA AMIGA. ¿ESTÁ SEGURA DE QUE EL NEGOCIO DE LOS VIÑEDOS NO ES DEMASIADO SOSO PARA USTED?

—ES LA COSA MÁS ADECUADA A QUE PUDIERA DEDICARME EN ESTE MOMENTO. NO CREO QUE PUDIERA VOLVER A SOPORTAR LA INTRANQUILIDAD Y LOS PROBLEMAS DE AQUELLOS TIEMPOS. UN DÍA, MÁS DE TRESCIENTOS HOMBRES SE PRESENTARON DE PRONTO EN LA OFICINA DE MIS MINAS. NO QUISIERA VOLVER A PASAR POR TRANCES PARECIDOS.

—NO VOLVERÁ A SUFRIRLOS. A PARTIR DE AHORA, SU VIDA NO PODRÁ SER MÁS TRANQUILA. SE LO PROMETO. —SABRINA SONRIÓ AL PENSAR QUE TENÍA BIEN MERECIDA AQUELLA PAZ.

—OJALÁ SU PROMESA PUDIERA HACERSE EXTENSIBLE A TODOS NOSOTROS —DIJO ELLA PENSANDO EN JON—. Y USTED, ANDRÉ… ¿QUÉ MÁS PUEDE PEDIRLE A LA VIDA QUE TENER UN BUEN ÉXITO CON LOS VIÑEDOS? —LE PELLIZCÓ LA OREJA Y ANDRÉ VOLVIÓ A TIRARLE DE LA TRENZA.

—LA COSA NO ES TAN SENCILLA PARA MÍ, MA VIEILLE… ¿QUÉ MÁS PUEDO PEDIRLE A LA VIDA? —SU SEMBLANTE ADQUIRIÓ GRAVEDAD. TENÍA UNA BUENA RESPUESTA PARA AQUELLA PREGUNTA, PERO NO SE ATREVIÓ A EXPRESARLA—. NO LO SÉ. SUPONGO QUE TENGO CUANTO DESEO. AQUÍ, SÓLO ME FALTA UNA COSA. —AQUELLAS PALABRAS SORPRENDIERON A SABRINA. PARECÍA TAN SATISFECHO…

—¿QUÉ LE FALTA?

—COMPAÑÍA. NECESITO A ALGUIEN CON QUIEN COMPARTIR LA VIDA, APARTE DE ANTOINE, PORQUE SÉ QUE NO VOY A TENERLO SIEMPRE A MI LADO. LO NATURAL ES QUE UN DÍA FORME SU PROPIO HOGAR… ¿USTED NO EXPERIMENTA TAMBIÉN ESA NECESIDAD? —HACÍA MENOS TIEMPO QUE ANDRÉ ESTABA SOLO, CASI UN AÑO; PERO SABRINA LLEVABA MUCHO TIEMPO DE SOLEDAD, Y SE HABÍA IDO ACOSTUMBRANDO A ELLA. DESDE JOHN, NO HABÍA HABIDO OTRO HOMBRE EN SU VIDA; YA SE LO HABÍA DICHO A ANDRÉ EN OTRA OCASIÓN. ÉSTE LO ENCONTRÓ NOTABLE, PERO NO LE SORPRENDIÓ. «LO SOSPECHÉ DESDE EL PRIMER MOMENTO», LE DIJO ENTONCES SU AMIGO—. ¿CÓMO HA PODIDO PERMANECER SOLA DURANTE TANTO TIEMPO? —AQUEL HECHO LE TENÍA IMPRESIONADO. DOS AÑOS DESPUÉS DE LA MUERTE DE SU ESPOSA, TUVO UNA AVENTURA DE IMPORTANCIA, SEGUIDA DE OTRAS MENOS SERIAS Y DURADERAS. ESTABA ACOSTUMBRADO A TENER UNA MUJER EN SU VIDA, Y AHORA LA ECHABA DE MENOS—. ¿ES POSIBLE QUE NO ENCUENTRE INSOPORTABLE LA SOLEDAD?

SABRINA SE ECHÓ A REÍR Y DIJO:

—NO. DE HECHO, LA SOLEDAD NO TRAE COMPLICACIONES, Y A VECES INCLUSO RESULTA AGRADABLE. SÍ, HAY MOMENTOS DE DESAMPARO, NO SE LO NIEGO, PERO BASTA CON NO DEJARSE LLEVAR POR ELLOS Y PONERSE A PENSAR EN OTRA COSA. COMO LO HARÍA UNA MONJA, ¿SABE USTED? —BROMEÓ.

—PUES VAYA UN MALGASTO… —OBSERVÓ ANDRÉ CON PICARDÍA FRANCESA. AMBOS RIERON—. NO LO DIGO EN BROMA, ¿SABE? ES USTED UNA MUJER ENCANTADORA, SABRINA, Y JOVEN AÚN.

—YO NO DIRÍA TANTO, AMIGO MÍO. CUMPLIRÉ CUARENTA Y OCHO AÑOS EN MAYO. NO SOY PRECISAMENTE UNA CHIQUILLA.

—ESTÁ EN LA PRIMAVERA DE LA VIDA.

—Y USTED ESTÁ LOCO, ANDRÉ.

—¡EN ABSOLUTO!

LA MUJER CON QUIEN HABÍA MANTENIDO MÁS SERIAS RELACIONES EN FRANCIA ERA MAYOR QUE ÉL, Y MUCHO MENOS HERMOSA QUE SABRINA. ÉSTA HABRÍA SIDO UN EXQUISITO REGALO PARA CUALQUIER HOMBRE. ERA UNA MUJER MUY ESPECIAL Y ANDRÉ TENÍA PLENA CONCIENCIA DE ELLO. NO HABÍA INTENTADO INTIMAR CON ELLA SÓLO PARA DIVERTIRSE. SABRINA SIGNIFICABA DEMASIADO PARA ÉL. AQUEL DÍA, SE SEPARARON A LAS DOS DE LA MADRUGADA, Y SE REUNIERON DE NUEVO POR LA MAÑANA, A LA HORA DEL DESAYUNO, BIEN VESTIDOS, CON EL ASPECTO DE UN HOMBRE Y UNA MUJER DE NEGOCIOS; PERO, DESDE LA CONVERSACIÓN SOSTENIDA LA NOCHE ANTERIOR, SE SENTÍAN MÁS UNIDOS. SABRINA SE SINTIÓ MÁS LIBRE PARA, DE PRONTO, MENCIONARLE A JOHN, Y ÉL LE HABLÓ DE ALGUNAS DE LAS AMISTADES DE SU ESPOSA, COMO SI, SIN DARSE CUENTA, SE ESTUVIERAN TANTEANDO. INESPERADAMENTE, ANDRÉ LE DIJO QUE HABÍA DECIDIDO NO REGRESAR A NAPA AQUEL VIERNES, COMO LO TENÍA PREVISTO Y, EN VEZ DE ELLO, LA INVITÓ A CENAR FUERA.

—¿HAY ALGO QUE CELEBRAR? —PREGUNTÓ ELLA CON AIRE DE SORPRESA. EN REALIDAD, ESTABA FATIGADA. HABÍA SIDO UNA SEMANA MUY LARGA, Y AÚN LE DURABA EL CANSANCIO DEL JUICIO CONTRA CAMILLE, QUE HABÍA TENIDO LUGAR EL MES ANTERIOR. DE TODOS MODOS, PENSÓ QUE NO LE SENTARÍA MAL EVADIRSE UN POCO DE LA RUTINA DIARIA.

—¿ACASO NO PODEMOS SALIR A CENAR POR EL SIMPLE PLACER DE HACERLO?

—TIENE RAZÓN, ANDRÉ.

LA IDEA LE HABÍA GUSTADO; SE RETIRÓ, PUES, A SUS HABITACIONES, CON EL FIN DE VESTIRSE PARA ÉL. CUANDO, POCO DESPUÉS, VOLVIERON A ENCONTRARSE EN EL GRAN SALÓN, DEBAJO DE LA CÚPULA, SABRINA LLEVABA UN VESTIDO NEGRO QUE ANDRÉ NUNCA LE HABÍA VISTO.

—ESTÁ USTED MUY ELEGANTE, MADAME —LE DIJO CON TONO JUGUETÓN, MIENTRAS SE PERCATABA DE CUÁN HERMOSA ERA. SE HABÍAN ACOSTUMBRADO TANTO EL UNO AL OTRO DENTRO DE UN TRATO SIMPLEMENTE AMISTOSO, QUE ANDRÉ POCAS VECES REPARABA YA EN LA BELLEZA DE SABRINA; PERO, AQUELLA NOCHE, CUALQUIER HOMBRE HABRÍA TENIDO QUE SER INSENSIBLE PARA NO PERCIBIR SU FEMENINA SEDUCCIÓN.

LA LLEVÓ EN SU COCHE AL RESTAURANTE Y TOMARON UN APERITIVO EN EL BAR. POCO DESPUÉS DE LAS OCHO SE SENTARON A SU MESA. PASARON MUY BUEN RATO; ÉL CONTÁNDOLE COSAS DE SU VIDA EN FRANCIA, Y ELLA HABLÁNDOLE DE DETALLES DE SU VIDA EN LAS MINAS, ASÍ COMO DE SÍ MISMA. DESPUÉS REGRESARON A LA MANSIÓN THURSTON. PERO, AQUELLA NOCHE, ELLA LE INVITÓ A PASAR A SU SALONCILLO PRIVADO. HABITUALMENTE, SE REUNÍAN EN LA BIBLIOTECA, PERO AQUELLA PEQUEÑA ESTANCIA ERA MÁS CONFORTABLE Y MÁS ÍNTIMA. SABRINA PUSO LEÑA EN LA CHIMENEA Y LA ENCENDIÓ ANTES DE BAJAR A BUSCAR ALGO QUE BEBER. ANDRÉ LLENÓ DOS COPAS DE COÑAC Y LO SORBIERON ANTE EL FUEGO, MIRANDO EL BRILLO DE LAS BRASAS. DE PRONTO, SABRINA SE VOLVIÓ HACIA ÉL.

—GRACIAS POR ESTA NOCHE MARAVILLOSA, ANDRÉ… GRACIAS POR TODO. HA SIDO USTED MUY BUENO CONMIGO. Y ESTA SALIDA ME HA HECHO MUCHO BIEN.

ÉL SE SINTIÓ CONMOVIDO AL OÍR TAN SINCERAS PALABRAS Y, ALARGANDO UN BRAZO, LE TOMÓ UNA MANO.

—HARÍA CUALQUIER COSA POR USTED, SABRINA. QUIERO QUE LO SEPA.

—YA LO HA HECHO.

Y ENTONCES, COMO SI AMBOS HUBIERAN ESTADO ESPERÁNDOLO, ANDRÉ SE INCLINÓ Y LA BESÓ EN LOS LABIOS. NINGUNO DE LOS DOS PARECIÓ SORPRENDIDO. LO ENCONTRABAN TAN NATURAL… Y ALLÍ SIGUIERON, SENTADOS EL UNO AL LADO DEL OTRO, BESÁNDOSE, CON LAS MANOS JUNTAS ANTE EL FUEGO. AL CABO DE UN RATO, SABRINA LE DIJO A SU AMIGO, SONRIENDO DULCEMENTE:

—PARECEMOS UN PAR DE CRÍOS, ¿VERDAD?

—¿ACASO NO LO SOMOS? —DIJO ÉL, SONRIENDO TAMBIÉN.

—NO LO SÉ…

ANDRÉ APAGÓ CON SUS BESOS LAS PALABRAS DE SABRINA; Y ÉSTA SINTIÓ SURGIR DE SU INTERIOR UN DESEO POR AQUEL HOMBRE QUE HASTA AQUEL MOMENTO HABÍA IGNORADO. ÉL LA TOMÓ ENTRE LOS BRAZOS Y PRONTO YACIERON ANTE EL FUEGO. SABRINA SINTIÓ CALENTÁRSELE EL CUERPO AL LADO DEL DE ANDRÉ, CUYAS MANOS COMENZARON A RECORRER SU CARNE. LA PRIMERA SENSACIÓN QUE EXPERIMENTÓ SABRINA FUE DE SORPRESA, PERO NO TUVO NADA QUE OPONER AL COMPORTAMIENTO DE SU AMIGO. ERA COMO SI AMBOS HUBIERAN ESTADO PREPARADOS PARA LO QUE ESTABA SUCEDIENDO.

DETENIÉNDOSE UN MOMENTO, ANDRÉ LE SUSURRÓ AL OÍDO:

—¿CREE QUE DEBO CONTINUAR, SABRINA? ¿NO SERÍA MEJOR QUE ME FUERA? —NO QUERÍA HACER NADA QUE LUEGO TUVIERAN QUE LAMENTAR. AQUELLA MUJER SIGNIFICABA DEMASIADO PARA ÉL, TANTO COMO AMIGA COMO SER HUMANO.

—LO IGNORO —RESPONDIÓ SABRINA SONRIÉNDOLE—. EN REALIDAD, ¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO?

—ALGO MUY NATURAL… CREO QUE ME HE ENAMORADO DE TI.

Y A ELLA NO LE SORPRENDIÓ OÍR ESAS PALABRAS. SE DIO CUENTA DE QUE ESTABA ENAMORADA DE ANDRÉ DESDE HACÍA MUCHO TIEMPO, QUIZÁ DESDE EL DÍA EN QUE SE CONOCIERON. HABÍAN CONSTRUIDO ALGO MUY HERMOSO JUNTOS, CON SUS CORAZONES Y CON SUS MANOS, VALEROSAMENTE, CON ENERGÍA, Y ÉL LA HABÍA VUELTO A LA VIDA. LAS EXPRESIONES AMOROSAS DE AHORA NO ERAN MÁS QUE LA CONTINUACIÓN DE TODO ELLO. SABRINA LE ESTRECHÓ ENTRE LOS BRAZOS, Y ANDRÉ LA CONDUJO A LA CAMA, DONDE HICIERON EL AMOR COMO SI YA ESTUVIERAN ACOSTUMBRADOS A COMPARTIRLO… HASTA CAER EL UNO EN BRAZOS DEL OTRO, SOÑOLIENTOS. ANDRÉ TUVO EL TIEMPO JUSTO DE ACARICIARLE EL SEDOSO PELO ANTES DE DORMIRSE ABRAZADOS.

CUANDO DESPERTARON, AL OTRO DÍA, ANDRÉ SE SINTIÓ ALIVIADO AL COMPROBAR QUE NO HABÍA LA MENOR EXPRESIÓN DE PESAR EN LOS OJOS DE SU AMADA. LA BESÓ EN LOS OJOS, EN LOS LABIOS Y EN LA PUNTA DE LA NARIZ, MIENTRAS ELLA NO CESABA DE REÍR AHOGADAMENTE…, Y VOLVIERON A HACER EL AMOR. ERA CASI COMO UNA LUNA DE MIEL. SABRINA NO PODÍA IMAGINARSE CÓMO PUDO HABER SUCEDIDO TODO TAN FÁCILMENTE. CASI HACÍA DIEZ AÑOS QUE NO HABÍA HECHO EL AMOR CON NINGÚN HOMBRE; Y SIN EMBARGO ALLÍ ESTABA, RADIANTE DE FELICIDAD AL LADO DE ANDRÉ, EL HOMBRE QUE CASI ESTABA LOCO POR ELLA, EL HOMBRE QUE PARECÍA INUNDARLA CON SU AMOR.

—¿QUÉ NOS HA PASADO? —PREGUNTÓ ELLA CON MIRADA SOÑOLIENTA DESPUÉS DE HABER VUELTO A HACER EL AMOR. ERA SÁBADO Y, POR LO TANTO, NO TENÍAN QUE IR A NINGUNA PARTE. ESTABAN SOLOS Y ENAMORADOS, EN EL COLMO DE LA FELICIDAD.

—DEBIÓ DE SER ALGO QUE COMIMOS ANOCHE —DIJO ELLA.

—QUIZÁ EL CHAMPÁN —SUGIRIÓ ANDRÉ—. HABREMOS DE PROCURAR QUE EL NUESTRO SEA EXACTAMENTE COMO ÉSE.

SABRINA ESCUCHÓ SONRIENDO LAS PÍCARAS PALABRAS DE ANDRÉ Y CAYÓ DORMIDA EN EL ACTO. DESPERTÓ AL MEDIODÍA, PRECISAMENTE CUANDO ÉL ENTRABA EN LA HABITACIÓN CON UNA BANDEJA LLENA DE COMIDA.

—ESTO ES PARA QUE CONSERVES LAS FUERZAS, AMOR MÍO —DIJO ANDRÉ. Y LAS NECESITÓ CUANDO, UN MOMENTO DESPUÉS DE DESAYUNAR, ÉL LA ATACÓ DE NUEVO.

—¡DIOS MÍO, ANDRÉ! —RIÓ FELIZ Y SATISFECHA—. ¿SIEMPRE ERES ASÍ?

—NO —CONTESTÓ ÉL HONESTAMENTE MIENTRAS VOLVÍA A ARRIMARSE A ELLA. ERA COMO SI HUBIERA LIBERADO TODAS LAS ENERGÍAS ACUMULADAS EN UN AÑO—. HAS OBRADO EN MÍ ALGO MARAVILLOSO.

—¿PUEDO DEVOLVERTE EL CUMPLIDO?

DURMIERON E HICIERON EL AMOR DURANTE TODA LA TARDE. POR FIN, HACIA LAS SEIS, SE LEVANTARON, SE BAÑARON Y SE VISTIERON PARA SALIR. ESTA VEZ, AL BAL TABARIA DE LA COLUMBUS AVENUE. REALMENTE ERA COMO UNA LUNA DE MIEL.

—¿CÓMO PUEDE HABERNOS SUCEDIDO ESTO? —PREGUNTÓ SABRINA SONRIÉNDOLE POR ENCIMA DE LOS POSTRES Y DE UNA BOTELLA DE CHAMPÁN.

—NO LO SÉ. —ÉL LA MIRÓ CON SERIEDAD—. SEA COMO SEA, NOS LO TENÍAMOS MERECIDO, AMOR MÍO. ESTE AÑO HEMOS TRABAJADO MUY DURAMENTE.

—PUES LA RECOMPENSA HA SIDO ESTUPENDA.

ANDRÉ PENSÓ LO MISMO CUANDO AQUELLA NOCHE, EN LA CAMA, VOLVIERON A HACER EL AMOR; ESTA VEZ, HABÍA FUEGO EN LA CHIMENEA DE SABRINA. ERA LA ESTANCIA DONDE HABÍA NACIDO JONATHAN CASI VEINTIDÓS AÑOS ANTES, PERO AHORA NO PENSABA EN ELLO. PENSABA EN ANDRÉ, EN CUYOS BRAZOS QUEDÓ PROFUNDAMENTE DORMIDA HASTA POCO DESPUÉS DEL AMANECER. SE MIRARON ENTONCES EL UNO AL OTRO PARA VOLVER A DORMIRSE ENSEGUIDA, Y VOLVIERON A HACER EL AMOR LA PRÓXIMA VEZ QUE SE DESPERTARON, Y TAMBIÉN CUANDO DESPERTARON DE NUEVO. ENTONCES, ANDRÉ LA MIRÓ PENSATIVO. LO HABÍA PENSADO YA EL DÍA ANTERIOR, PERO LO HABÍA OLVIDADO.

—¿SERÍA UNA GROSERÍA PREGUNTARTE SI TOMAS ALGUNA MEDIDA ANTICONCEPTIVA, AMOR MÍO?

ANDRÉ SE DABA CUENTA DE QUE DURANTE AQUELLOS DOS DÍAS NO HABÍA TOMADO NINGUNA PRECAUCIÓN. SIN EMBARGO, SABRINA NO SE MOSTRÓ PREOCUPADA.

—LA PRÓXIMA VEZ QUE CORRA EL PELIGRO DE QUEDAR EMBARAZADA YA HABRÉ CUMPLIDO OCHENTA AÑOS. ES ALGO QUE NO ME SUCEDE CON FACILIDAD. ME COSTÓ TRES AÑOS CONCEBIR A JON. SOY LA MUJER MENOS PELIGROSA EN ESTE ASPECTO. Y AHORA, A MI EDAD, TAL VEZ ME CUESTE MÁS.

—HASTA CIERTO PUNTO, ME TRANQUILIZAS. ¿ESTÁS SEGURA DE QUE SUCEDERÁ COMO DICES?

—HABLO EN SERIO. DE MOMENTO, NO PUEDO QUEDAR EMBARAZADA.

—NO PUEDES ESTAR SEGURA DE ELLO.

—HARÉ ALGO LA SEMANA QUE VIENE. Y ENTRETANTO…

ANDRÉ DEJÓ DE PREOCUPARSE Y, AL LLEGAR LA NOCHE DEL DOMINGO, SE SENTÍAN TAN FELICES QUE DECIDIERON PASAR OTRA NOCHE EN LA MANSIÓN THURSTON ANTES DE VOLVER A NAPA. NINGUNO DE LOS DOS TENÍA VERDADEROS DESEOS DE DAR FIN A AQUELLA SÚBITA LUNA DE MIEL. EN DOS DÍAS, SUS VIDAS HABÍAN CAMBIADO POR COMPLETO, Y NINGUNO DE ELLOS LO LAMENTABA. AQUEL MARAVILLOSO HECHO HABÍA AÑADIDO UNA NUEVA DIMENSIÓN A SU EXISTENCIA. AL DÍA SIGUIENTE, CUANDO VOLVIERON A NAPA, SABRINA, CON LA CABELLERA SOBRE LA ESPALDA Y LOS OJOS TAN BRILLANTES COMO LOS DE UNA CHIQUILLA, SE ECHÓ A REÍR.

—¿CÓMO NOS LAS ARREGLAREMOS AHORA EN NAPA? LOS HOMBRES SE ASOMBRARÍAN. —AL FIN Y AL CABO, NO ERA UN ASUNTO QUE LES INCUMBIERA. Y, EN CUANTO A ANTOINE, SABRINA NO CREÍA QUE DEBIERA SABERLO, AL MENOS DE MOMENTO.

—ME PARECE QUE TENDRÉ QUE EMPEZAR A CONSTRUIR MI CASA ANTES DE LO QUE CREÍA —RESPONDIÓ ÉL—. ¡MAÑANA MISMO LLAMARÉ AL ARQUITECTO!

AMBOS RIERON. DE MOMENTO, AQUELLA NOCHE LA COSA SE SOLUCIONÓ YENDO ANDRÉ DE PUNTILLAS A LA HABITACIÓN DE SABRINA, Y REGRESANDO DEL MISMO MODO A SU DORMITORIO AL AMANECER, CON UNA SONRISA DE FELICIDAD EN EL ROSTRO. TENÍA CINCUENTA Y CINCO AÑOS, Y NUNCA HABÍA SIDO TAN DICHOSO.