—PÓRTATE BIEN CUANDO ESTÉS FUERA. —HANNAH LE SONRIÓ AGITANDO UN DEDO COMO SI LE HABLARA A UN NIÑO.
JEREMIAH RIÓ.
—PARECES LA MISMÍSIMA MARY ELLEN.
—QUIZÁ LAS DOS TE CONOCEMOS DEMASIADO BIEN.
—¡MUY BIEN, MUY BIEN, ME PORTARÉ COMO ES DEBIDO! —DIJO, DANDO UN PELLIZCO A LA MEJILLA DE LA VIEJA.
PARECÍA CANSADO. NO HABÍA SIDO UNA SEMANA TRANQUILA LA QUE ACABABA DE PASAR, Y ÉL LO SABÍA. ESTUVO EN EL FUNERAL DE LA ESPOSA Y LOS DOS HIJOS DE HARTE. Y AHORA LE PREOCUPABAN ALGUNOS CASOS DE LA TERRIBLE GRIPE SURGIDOS EN LAS MINAS THURSTON. SIN EMBARGO, NADIE HABÍA MUERTO HASTA AQUEL MOMENTO, Y JEREMIAH NO SE CANSABA DE RECOMENDAR A TODOS QUE SE HICIERAN VISITAR POR EL MÉDICO AL MENOR SIGNO DE CONTAGIO. LE HABRÍA GUSTADO SUSPENDER SU VIAJE, PERO NO PODÍA HACERLO. ORVILLE BEAUCHAMP HABÍA INSISTIDO, EN RESPUESTA AL TELEGRAMA QUE THURSTON LE HABÍA ENVIADO, QUE, SI QUERÍA ASEGURARSE LA VENTA, DEBÍA IR A CERRAR PERSONALMENTE EL TRATO LO ANTES POSIBLE. Y ÉL HABÍA ESTADO A PUNTO DE MANDARLO AL DIABLO Y CEDER LA OPERACIÓN A JOHN HARTE, PERO ÉSTE NO SE HALLABA EN CONDICIONES DE HABLAR DE NEGOCIOS, Y MENOS AÚN DE VIAJAR, POR LO QUE JEREMIAH DECIDIÓ SEGUIR ADELANTE Y TOMAR EL TREN PARA ATLANTA. CON TODO, AQUEL VIAJE NO LE HACÍA LA MENOR ILUSIÓN. A PESAR DE LAS BUENAS CONDICIONES QUE PARECÍA OFRECER LA OPERACIÓN, SEGUÍA HABIENDO EN EL HOMBRE DE GEORGIA ALGO QUE LE PREOCUPABA.
AL MARCHARSE, BESÓ LA FRENTE DE HANNAH, DIO UNA MIRADA A LA GRAN COCINA, TOMÓ LA MALETA DE CUERO CON UNA MANO, LA USADA CARTERA NEGRA CON LA OTRA, Y SALIÓ CON UN HUMEANTE CIGARRO ENTRE LOS DIENTES. LLEVABA UN GRAN SOMBRERO NEGRO ECHADO HACIA ADELANTE, CASI SOBRE LOS OJOS, QUE LE DABA CIERTO ASPECTO DIABÓLICO. SE DIRIGIÓ RÁPIDAMENTE HACIA EL COCHE QUE LE ESPERABA, ECHÓ EL EQUIPAJE DENTRO, SE SENTÓ AL LADO DEL MUCHACHO QUE CONDUCÍA LOS CABALLOS Y TOMÓ LAS RIENDAS DE SUS MANOS.
—BUENOS DÍAS, SEÑOR —DIJO EL CHICO.
—BUENOS DÍAS, HIJO —RESPONDIÓ JEREMIAH, EXHALANDO UNA GRAN BOCANADA DE HUMO.
DESPUÉS, THURSTON DIO UN LIGERO LATIGAZO A LOS CABALLOS Y EL COCHE ARRANCÓ Y AVANZÓ CON MARCHA SUAVE POR LA CARRETERA PRINCIPAL. JEREMIAH CONDUCÍA SIN DECIRLE NADA AL MUCHACHO, OCUPADA SU MENTE EN LA OPERACIÓN QUE DEBÍA COMPLETAR EN ATLANTA. PERO EL CHICO LO OBSERVABA FASCINADO: LOS OJOS DE MIRADA AGUDA, LA FRENTE SURCADA DE ARRUGAS POR LA CONCENTRACIÓN, EL ELEGANTE SOMBRERO, LOS ANCHOS HOMBROS, LAS ENORMES MANOS Y LAS ROPAS INMACULADAMENTE PULCRAS. EL MUCHACHO PENSÓ QUE AQUEL HOMBRE IBA DEMASIADO LIMPIO PARA SER UN MINERO. DE TODOS MODOS, LE HABÍAN DICHO QUE SOLÍA TRABAJAR PERSONALMENTE EN LAS MINAS. ERA DIFÍCIL IMAGINARSE A AQUEL PODEROSO Y ENORME HOMBRE COMPRIMIÉNDOSE PARA ENTRAR EN UNA MINA. AL CHICO LE PARECÍA AÚN MÁS CORPULENTO DE LO QUE ERA.
CUANDO SE HALLABA A MEDIO CAMINO DE NAPA, JEREMIAH SE VOLVIÓ HACIA EL MUCHACHO Y, SONRIENDO, LE PREGUNTÓ:
—¿CUÁNTOS AÑOS TIENES, HIJO?
—CATORCE. —EL CHICO ESTABA IMPRESIONADO POR LA SIMPLE PRESENCIA DE JEREMIAH. ¿Y EL HUMO DE AQUEL CIGARRO? QUÉ BIEN OLÍA—. BUENO… LOS CUMPLIRÉ EN MAYO.
—¿CÓMO TE VA EL TRABAJO EN LAS MINAS?
—BIEN, SEÑOR —LE TEMBLÓ LA VOZ LIGERAMENTE, PERO JEREMIAH NO ESTABA SOMETIÉNDOLE PRECISAMENTE A UN EXAMEN. ESTABA PENSANDO EN SU PROPIA VIDA CUANDO TENÍA CATORCE AÑOS.
—A TU EDAD, YO TAMBIÉN TRABAJABA EN LAS MINAS. ES UN TRABAJO MUY DURO PARA UN CHIQUILLO… EN REALIDAD, PARA TODO EL MUNDO. ¿TE GUSTA?
HUBO UNA LARGA PAUSA, AL FINAL DE LA CUAL EL MUCHACHO DECIDIÓ COMPORTARSE HONESTAMENTE. CONFIÓ EN EL AIRE BONDADOSO DEL HOMBRÓN DEL CIGARRO.
—NO, SEÑOR, NO ME GUSTA. ES UN TRABAJO MUY SUCIO. PIENSO HACER ALGO MUY DIFERENTE CUANDO SEA MAYOR.
—¿QUÉ, POR EJEMPLO?
EL CHICO HABÍA INTRIGADO A JEREMIAH, TANTO POR ÉL MISMO COMO POR SU HONESTIDAD.
—ALGO MÁS LIMPIO. COMO TRABAJAR EN UN BANCO… MI PADRE DICE QUE ES UN TRABAJO PARA LOS DEBILUCHOS, PERO YO CREO QUE ME GUSTARÍA. LOS NÚMEROS SE ME DAN MUY BIEN. SUMO CANTIDADES EN MI CABEZA CON MAYOR RAPIDEZ QUE OTRAS PERSONAS ESCRIBIÉNDOLAS.
—¿DE VERAS? —JEREMIAH INTENTÓ MANTENER LA SERIEDAD DE SU MIRADA, PERO SUS OJOS MOSTRARON CÓMO LE DIVERTÍAN LAS EXPLICACIONES DEL MUCHACHO. SIN EMBARGO, SE SINTIÓ CONMOVIDO POR LA DECISIÓN SANA Y JUVENIL CON QUE SE EXPRESABA—. ¿TE GUSTARÍA AYUDARME ALGÚN SÁBADO POR LA MAÑANA?
—¿AYUDARLE? —EL MUCHACHO SE QUEDÓ PASMADO—. SÍ, SEÑOR. ¡CLARO QUE SÍ!
—VOY A MI DESPACHO TODOS LOS SÁBADOS POR LA MAÑANA Y LO DEJO HACIA EL MEDIODÍA. SON LAS HORAS MÁS TRANQUILAS DE LA SEMANA. PODRÁS AYUDARME CON LOS NÚMEROS. SEGURO QUE NO HAGO LAS SUMAS CON TANTA RAPIDEZ COMO TÚ. —JEREMIAH RIÓ. LOS NEGROS OJOS DEL CHIQUILLO SE AGRANDARON DE PRONTO COMO MONEDAS DE VEINTICINCO CENTAVOS—. ¿QUÉ TE PARECE?
—¡ESTUPENDO! ¡FANTÁSTICO!
EL MUCHACHO SALTÓ LITERALMENTE SOBRE SU ASIENTO, Y LUEGO, DE SÚBITO, MODERÓ SUS EXPRESIONES DE ALEGRÍA PARA PARECER MÁS HOMBRE, COSA QUE TAMBIÉN DIVIRTIÓ MUCHO A JEREMIAH.
LE GUSTABA AQUEL CHICO. EN REALIDAD, LE GUSTABAN TODOS LOS CHICOS, Y ÉL GUSTABA A TODOS. MIENTRAS SEGUÍA CONDUCIENDO EL COCHE HACIA NAPA, SE ENCONTRÓ PENSANDO EN LOS HIJOS DE MARY ELLEN. ERAN CARIÑOSOS Y AMABLES. SU MADRE HABÍA SABIDO EDUCARLOS BIEN. AQUELLA MUJER LLEVABA UNA GRAN CARGA SOBRE LAS ESPALDAS, PERO NUNCA HABÍA PERMITIDO QUE LA AYUDARA. Y ÉL NO LA HABÍA AYUDADO, SOBRE TODO EN CUANTO PUDIERA REFERIRSE A LOS NIÑOS. SÓLO LOS VEÍA MUY DE VEZ EN CUANDO, EN ALGUNA SALIDA AL CAMPO EL DOMINGO POR LA TARDE. NO ESTABA A SU LADO CUANDO ESTABAN ENFERMOS, NI LOS VEÍA CUANDO CAUSABAN PROBLEMAS EN LA ESCUELA O CUANDO ELLA TENÍA QUE CUIDARLOS POR ESTAR ENFERMOS, O REÑIRLOS, O DARLES UNA AZOTAINA CUANDO SE PORTABAN MAL. SÓLO LOS VEÍA EN SUS MEJORES HORAS DEL DOMINGO, Y NO MUY A MENUDO. SE PREGUNTÓ SI HABRÍA DEBIDO AYUDARLA MÁS EN LO TOCANTE A LOS NIÑOS, PERO ERA ALGO QUE ELLA NO PARECÍA ESPERAR DE ÉL. NO ESPERABA MÁS QUE LO QUE YA TENÍA: EL CUERPO DE JEREMIAH CONFUNDIDO CON EL SUYO EN UNAS HORAS DE EXQUISITO PLACER, DOS DÍAS POR SEMANA EN LA CASITA DE CALISTOGA. Y ENTONCES, DE PRONTO, COMO SI CREYERA QUE EL MUCHACHO PODÍA ADIVINAR SUS PENSAMIENTOS, JEREMIAH, MIENTRAS SEGUÍAN HACIA NAPA, LO MIRÓ CON EXPRESIÓN PREOCUPADA.
—TE GUSTAN LAS CHICAS, ¿HIJO?
NO RECORDABA EL NOMBRE DE PILA DEL MUCHACHO, PERO NO QUISO PREGUNTÁRSELO. SU PADRE ERA UNO DE SUS MEJORES MINEROS, UN HOMBRE QUE TENÍA NUEVE HIJOS MÁS, LA MAYORÍA DE ELLOS NIÑAS, SEGÚN RECORDÓ JEREMIAH. AQUEL CHICO ERA UNO DE LOS TRES HERMANOS QUE TRABAJABAN EN LAS MINAS, PRECISAMENTE EL MÁS JOVEN DE ELLOS.
EL MUCHACHO SE ENCOGIÓ DE HOMBROS AL OÍR LA PREGUNTA DE JEREMIAH SOBRE LAS CHICAS.
—LA MAYORÍA DE ELLAS SON TONTAS. TENGO SIETE HERMANAS, Y CASI TODAS SON COMPLETAMENTE ESTÚPIDAS.
LA RESPUESTA HIZO REÍR A JEREMIAH.
—NO TODAS LAS MUJERES SON ESTÚPIDAS. NO TANTAS COMO NOS GUSTARÍA CREER A LOS HOMBRES. TE LO DIGO YO. —RIÓ RUIDOSAMENTE Y CHUPÓ EL CIGARRO.
CIERTAMENTE, HANNAH NO TENÍA NADA DE ESTÚPIDA, NI MARY ELLEN, NI LA MAYORÍA DE LAS OTRAS MUJERES QUE CONOCÍA. DE HECHO, CASI TODAS TENÍAN QUE HACER EL MÁXIMO USO DE SU LISTEZA PARA OCULTAR LO LISTAS QUE ERAN. ERA ALGO QUE LE GUSTABA EN LAS MUJERES: VER QUE FINGÍAN DESAMPARO Y SIMPLEZA CUANDO, EN REALIDAD, LLEVABAN DEBAJO DE SU MÁSCARA UNA MENTE MÁS AFILADA QUE UNA NAVAJA. LE DIVERTÍA COLABORAR EN SU JUEGO. ENTONCES, DE GOLPE, SE DIO CUENTA DE QUE ALLÍ ESTABA LA RAZÓN DE QUE NUNCA HUBIERA QUERIDO CASARSE CON MARY ELLEN. ELLA NO SE ENTREGABA A AQUEL JUEGO. ERA DIRECTA Y SINCERA EN EL AMOR, Y ENDEMONIADAMENTE SENSUAL, NO TENÍA EL MENOR MISTERIO. UNO SABÍA SIEMPRE EXACTAMENTE LO QUE PENSABA Y LO QUE QUERÍA; PODÍA CONOCERSE AL MILÍMETRO EL ALCANCE DE SU INTELIGENCIA, DE SU LISTEZA…, PERO NADA MÁS. NO HABÍA EN ELLA NADA QUE ADIVINAR, NADA QUE DESCUBRIR, COSA QUE SIEMPRE LE HABÍA INTRIGADO. ÉL, AL MENOS DE UNOS AÑOS A AQUELLA PARTE, PARECÍA PREFERIR UN POCO MÁS DE COMPLEJIDAD QUE EN OTRO TIEMPO, Y SE PREGUNTÓ SI NO SERÍA UN SIGNO DE VEJEZ. SE RIÓ DE SU PROPIO PENSAMIENTO. LUEGO, VOLVIÓ A DIRIGIR LA MIRADA HACIA EL MUCHACHO COMO UNA SONRISA DE BUEN CONOCEDOR.
—NO HAY NADA MÁS HERMOSO QUE UNA MUJER HERMOSA, CHICO —RIÓ DE NUEVO—, EXCEPTO, QUIZÁ, UNA COLINA VERDE, SALPICADA DE FLORES SILVESTRES. —EN ESE MOMENTO, TENÍA UNA DELANTE, Y SINTIÓ ENSANCHARSE SU CORAZÓN AL CONTEMPLARLA. NO LE GUSTABA DEJAR AQUELLAS TIERRAS PARA IR A ATLANTA. HASTA QUE VOLVIERA, ALGO FALTARÍA EN SU VIDA, EN SU ALMA—. ¿TE GUSTA EL CAMPO, HIJO?
SUS PALABRAS NO PARECIERON HACER MELLA EN EL MUCHACHO. NO ACABABA DE COMPRENDER SU SIGNIFICADO. ASÍ PUES, DECIDIÓ JUGAR SOBRE SEGURO. YA SE HABÍA COMPORTADO CON SUFICIENTE DESCARO PARA UNA SOLA MAÑANA, Y AHORA NO DEBÍA ECHAR A PERDER LO QUE EL HOMBRE LE HABÍA PROMETIDO SOBRE LAS MAÑANAS DE LOS SÁBADOS.
—SÍ —RESPONDIÓ.
PERO JEREMIAH, AL OBSERVAR LA VACIEDAD DE EXPRESIÓN DE AQUEL MONOSÍLABO, COMPRENDIÓ QUE EL CHICO NO HABÍA ENTENDIDO NADA DE LO QUE ÉL QUERÍA DECIR: EL CAMPO, LA TIERRA, EL SUELO… AÚN RECORDABA LA VIVA EMOCIÓN QUE EXPERIMENTABA A LA EDAD DEL MUCHACHO CUANDO TOMABA UN PUÑADO DE TIERRA Y LO APRETABA EN SU MANO… «ES TUYA, HIJO, TUYA… CUIDA SIEMPRE DE ELLA, AUNQUE VIVAS MUCHOS AÑOS». RESONÓ EN SUS OÍDOS EL ECO DE LA VOZ DE SU PADRE. HABÍA COMENZADO CON TAN POCA COSA… PERO HABÍA CRECIDO CON RAPIDEZ. Y ÉL HABÍA AMPLIADO Y MEJORADO LA HEREDAD Y POSEÍA UNA VASTA EXTENSIÓN DE TIERRAS EN EL VALLE QUE AMABA. ERA ALGO QUE TENÍA QUE HABER NACIDO EN LA PROPIA ALMA, HABERSE DESARROLLADO DENTRO DE UNO. NO ERA ALGO QUE PUDIERA ADQUIRIRSE DESPUÉS. PRIMERO, LE SORPRENDIÓ QUE ALGUNOS HOMBRES NO LO TUVIERAN, PERO, MÁS TARDE, LLEGÓ A LA CONCLUSIÓN DE QUE ERA UN AMOR QUE MUY POCOS SENTÍAN. Y ERA ALGO DE LO QUE LAS MUJERES CARECÍAN EN ABSOLUTO. NO COMPRENDÍAN AQUELLA PASIÓN POR UN «MONTÓN DE INMUNDICIAS», COMO UNA DE ELLAS DIJO UN DÍA. NO COMPRENDÍAN AQUEL HECHO, COMO NO LO COMPRENDÍA EL MUCHACHO QUE EN AQUEL MOMENTO VIAJABA A SU LADO, PERO A JEREMIAH NO LE IMPORTABA. ALGÚN DÍA, EL CHICO ENTRARÍA A TRABAJAR EN UN BANCO, Y SERÍA FELIZ JUGANDO CON LOS PAPELES Y LAS SUMAS DURANTE EL RESTO DE SU VIDA. NO HABÍA NADA MALO EN ELLO. PERO SI JEREMIAH HUBIERA PODIDO SEGUIR PLENAMENTE SUS DESEOS, HABRÍA CULTIVADO PERSONALMENTE LA TIERRA Y, DEL MISMO MODO, HABRÍA TRABAJADO EN SUS MINAS, PARA VOLVER CANSADO A CASA POR LA NOCHE, PERO SATISFECHO HASTA LO MÁS PROFUNDO DE SU SER. ESE ASPECTO ECONÓMICO DE LAS COSAS LE INTERESABA MENOS QUE LA BELLEZA NATURAL DEL TRABAJO QUE REQUERÍA PARA CREARLAS Y CONSERVARLAS.
ERAN CASI LAS DOCE DEL MEDIODÍA CUANDO LLEGARON A NAPA, DESPUÉS DE DEJAR ATRÁS SUS SUBURBIOS Y LAS CUIDADAS CASAS DE LAS CALLES PINE Y COOMBS CON SU BIEN RECORTADO CÉSPED. SE VEÍAN TAMBIÉN ALLÍ MANSIONES RODEADAS DE FRONDOSOS ÁRBOLES QUE NADA TENÍAN QUE ENVIDIAR A LA QUE TENÍA JEREMIAH EN SANTA ELENA. LA DIFERENCIA ENTRE AQUELLAS MORADAS Y LA CASA DE THURSTON ESTABA EN QUE ÉSTA DABA LA IMPRESIÓN DE NO SER AMADA NI USADA. VIVÍA EN ELLA UN SOLTERO, LO QUE SE REFLEJABA INCLUSO EN EL EXTERIOR DE LA MISMA A PESAR DE LOS CUIDADOSOS ESFUERZOS DE HANNAH. ERA EL LUGAR DONDE JEREMIAH VIVÍA Y DORMÍA, PERO SUS MINAS Y SUS TIERRAS SIGNIFICABAN MÁS PARA ÉL, LES PRESTABA TODA SU ATENCIÓN EN DETRIMENTO DE LA MANSIÓN. LA INFLUENCIA DE HANNAH SÓLO SE DEJABA SENTIR EN LA AMPLIA COCINA Y EN EL HUERTO.
EN NAPA HABÍA ASIMISMO HOGARES REGIDOS POR ESMERADAS MATRONAS QUE CUIDABAN DE QUE LAS CORTINAS DE ENCAJE DE LAS VENTANAS ESTUVIERAN LIMPIAS Y BIEN CONSERVADAS EN TODO MOMENTO, DE QUE LOS JARDINES REBOSARAN DE FLORES Y DE QUE LOS PISOS SUPERIORES DE LAS CASAS ESTUVIERAN LLENOS DE CRIATURAS. AQUELLAS CASAS ERAN MUY BONITAS Y A JEREMIAH LE GUSTABA CONTEMPLARLAS CUANDO PASABA ANTE ELLAS MONTADO EN SU CABALLO. CONOCÍA A MUCHA GENTE EN AQUEL LUGAR, Y NO ERAN POCOS LOS QUE LE CONOCÍAN, PERO ÉL LLEVABA UNA EXISTENCIA MÁS RURAL QUE ELLOS EN NAPA, Y EL CENTRO DE SU VIDA HABÍA SIDO SIEMPRE LOS NEGOCIOS, Y NO LA VIDA SOCIAL, MUCHO MÁS IMPORTANTE EN NAPA.
ANTES DE IR AL MUELLE, SE DETUVO EN EL BANCO DE NAPA, SITUADO EN LA CALLE UNO, PARA RETIRAR EL DINERO NECESARIO PARA HACER SU VIAJE A ATLANTA. DEJÓ AL MUCHACHO EN EL EXTERIOR, CON EL COCHE, Y APARECIÓ POCO DESPUÉS MIRANDO SU RELOJ DE BOLSILLO CON EXPRESIÓN SATISFECHA. TENDRÍAN QUE APRESURARSE UN POCO PARA ALCANZAR A TIEMPO EL BARCO DE SAN FRANCISCO. EL MUCHACHO CUIDÓ DE QUE LOS CABALLOS ACELERARAN EL TROTE, MIENTRAS JEREMIAH DABA UN VISTAZO A ALGUNOS PAPELES. LLEGARON A TIEMPO, Y JEREMIAH SALTÓ DEL COCHE Y TOMÓ SU EQUIPAJE. SONRIÓ BREVEMENTE AL MUCHACHO.
—NOS VEREMOS EL PRIMER SÁBADO DESPUÉS DE MI REGRESO. VEN A LAS NUEVE DE LA MAÑANA. —DE PRONTO, RECORDÓ EL NOMBRE DEL CHIQUILLO: DANNY—. HASTA ENTONCES, DAN. Y CUIDA DE TI DURANTE MI AUSENCIA.
JEREMIAH NO PUDO EVITAR EL RECUERDO DEL PEQUEÑO BARNABY HARTE, MUERTO POR CULPA DE LA GRIPE, Y NOTÓ QUE SE LE HACÍA UN NUDO EN LA GARGANTA, MIENTRAS EL CHICO, SONRIENTE, LE HACÍA ADIÓS CON LA MANO. THURSTON SUBIÓ ENSEGUIDA AL VAPOR QUE LO LLEVARÍA A SAN FRANCISCO. HABÍA RESERVADO UN PEQUEÑO CAMAROTE COMO SIEMPRE QUE IBA A AQUELLA CIUDAD Y, TAN PRONTO COMO ENTRÓ EN ÉL, SACÓ UN GRUESO FAJO DE PAPELES DE SU CARTERA DE MANO Y SE SENTÓ. TENDRÍA MUCHO TRABAJO QUE HACER DURANTE LAS CINCO HORAS QUE TARDARÍA EN LLEGAR A SAN FRANCISCO. EL ZINFANDEL ERA UN BUQUE MUY BONITO, Y DANNY CONTEMPLÓ FASCINADO SU RUEDA DE PALETAS CUANDO DEJÓ EL MUELLE.
A LA HORA DEL ALMUERZO, JEREMIAH SALIÓ DE SU CAMAROTE Y SE SENTÓ EN UNA MESITA. UNA MUJER QUE VIAJABA CON CUATRO CRIATURAS Y UNA NIÑERA LE MIRÓ VARIAS VECES DESDE EL OTRO EXTREMO DEL COMEDOR, PERO ÉL PARECIÓ HACER CASO OMISO DE ELLA HASTA QUE LA JOVEN MATRONA, CONTRARIADA POR NO HABER PODIDO LLAMAR LA ATENCIÓN DEL HERMOSO GIGANTE, SALIÓ DE LA SALA DIRIGIÉNDOLE UNA ARROGANTE MIRADA. POCO DESPUÉS, JEREMIAH SALIÓ UN MOMENTO A LA CUBIERTA FUMANDO UN CIGARRO Y PUDO VER LAS LUCES DE SAN FRANCISCO MIENTRAS EL BARCO LLEGABA A LA CIUDAD. PENSABA MÁS QUE DE COSTUMBRE EN MARY ELLEN, MÁS QUE LAS OTRAS VECES EN QUE HABÍA SALIDO DE VIAJE, Y AQUELLA NOCHE, MIENTRAS EL ZINFANDEL ATRACABA EN EL MUELLE, SE SINTIÓ SORPRENDENTEMENTE SOLO. AL BAJAR DEL BARCO, SE DIRIGIÓ AL HOTEL PALACE EN EL CARRUAJE DEL MISMO. ALLÍ LE ESPERABA SU SUITE DE COSTUMBRE. EN TALES OCASIONES, VISITABA A VECES UNA CASA DE MALA REPUTACIÓN CUYA MADAME NO LE DESAGRADABA, PERO AQUEL DÍA NO SE SINTIÓ INCLINADO A ELLO. EN SU LUGAR, SE QUEDÓ EN SU HABITACIÓN CONTEMPLANDO EL PANORAMA NOCTURNO DE LA CIUDAD A TRAVÉS DE LA VENTANA Y PENSANDO EN OTROS TIEMPOS. LA NOCHE PASADA CON JOHN HARTE LE HABÍA DEJADO UNA SENSACIÓN DE MELANCOLÍA DIFÍCIL DE BORRAR, INCLUSO ALLÍ, EN UN LUGAR QUE SE HALLABA A AÑOS LUZ DE NAPA, DE SUS BELLEZAS Y DE SUS ANGUSTIAS.
EL HOTEL, QUE SÓLO TENÍA UNA ANTIGÜEDAD DE ONCE AÑOS, OFRECÍA TODAS LAS COMODIDADES POSIBLES. POR FIN, JEREMIAH, AÚN SIN GANAS DE ACOSTARSE, BAJÓ A DAR UNA VUELTA POR EL VESTÍBULO. ESTABA LLENO DE GENTE DISPENDIOSAMENTE VESTIDA, DE MUJERES QUE LUCÍAN DESTELLANTES Y HERMOSAS JOYAS, DE ELEGANTES PAREJAS QUE VOLVÍAN DE CENAS, FIESTAS Y VELADAS CELEBRADAS EN LA CIUDAD. EN TODA LA PLANTA BAJA HABÍA UN ESPLENDOROSO AMBIENTE DE FIESTA. HUYENDO DE AQUEL BULLICIO, JEREMIAH FUE A DAR UN PASEO POR MARKET STREET Y, LUEGO, VOLVIÓ AL HOTEL PARA ACOSTARSE. TENÍA POR DELANTE TODO UN DÍA DE GESTIONES ANTES DE SALIR PARA ATLANTA A LA NOCHE SIGUIENTE. NO LE ATRAÍA MUCHO EL LARGO CONFINAMIENTO EN EL TREN. LOS VIAJES EN TREN SIEMPRE LE HABÍAN FASTIDIADO. YA EN LA CAMA, ANTES DE DORMIRSE, SE PREGUNTÓ POR QUÉ NUNCA SE LE HABÍA OCURRIDO LLEVARSE CONSIGO A MARY ELLEN, PERO ENCONTRÓ LA IDEA TOTALMENTE ABSURDA… ELLA NO PERTENECÍA A AQUELLA PARTE DE SU VIDA… NO HABÍA SITIO PARA NINGUNA MUJER EN SU VIDA DE NEGOCIOS… NI EN SU VIDA PRIVADA; ¿O TAL VEZ SÍ? FUE VENCIDO POR EL SUEÑO ANTES DE HALLAR LA RESPUESTA Y, A LA MAÑANA SIGUIENTE, YA HABÍA OLVIDADO POR COMPLETO LA PREGUNTA. SÓLO TENÍA UNA VAGA SENSACIÓN DE MALESTAR CUANDO LLAMÓ AL BOTONES CON UN TIMBRAZO PARA QUE LE LLEVARA EL DESAYUNO. ÉSTE LLEGÓ MEDIA HORA DESPUÉS SOBRE UNA ENORME BANDEJA DE PLATA, JUNTO CON LA CHAQUETA QUE HABÍA ENCARGADO PLANCHAR LA NOCHE ANTERIOR Y LOS ZAPATOS, LIMPIOS Y LUSTROSOS. NADIE TENÍA LA MENOR DUDA DE QUE EL PALACE ERA UNO DE LOS MEJORES HOTELES DEL PAÍS, Y JEREMIAH SABÍA QUE NO ENCONTRARÍA NINGUNO EN ATLANTA QUE PUDIERA COMPARARSE CON ÉL, COSA QUE NO LE PREOCUPABA EN ABSOLUTO. LO QUE SÍ TEMÍA ERAN LOS SEIS INTERMINABLES DÍAS EN TREN HASTA EL ESTADO DE GEORGIA.
POR NO HABER COMPARTIMIENTOS PRIVADOS DISPONIBLES, HABÍA ENCARGADO TODO UN VAGÓN PARA SU USO PARTICULAR. EN UN EXTREMO DEL MISMO, HABÍA UN PEQUEÑO BAR. TAMBIÉN TENÍA A SU DISPOSICIÓN UN ESCRITORIO DONDE PODER TRABAJAR CON EL TREN EN MARCHA Y UNA CAMA FÁCILMENTE OCULTABLE A LA VISTA. SIEMPRE QUE VIAJABA EN TREN SE SENTÍA COMO UN ANIMAL ENCERRADO EN UNA JAULA. Y LA COMIDA QUE SERVÍAN EN LAS ESTACIONES NO ERA NADA APETECIBLE. PARA ÉL, LA ÚNICA VENTAJA DE AQUEL VIAJE ESTABA EN QUE SERÍA UNA PERFECTA OPORTUNIDAD PARA TRABAJAR, PUES NO TENDRÍA A NADIE CON QUIEN HABLAR DURANTE LOS SEIS DÍAS QUE INVERTIRÍA EN CRUZAR EL PAÍS DE OESTE A ESTE.
EL SEGUNDO DÍA DEL VIAJE, CUANDO SE APEÓ EN LA ESTACIÓN DE ELKO, NEVADA, SE SENTÍA YA DESESPERADAMENTE CANSADO. ENTRÓ EN EL RESTAURANTE PARA TOMAR UN BREVE Y FATALMENTE INDIGERIBLE ALMUERZO COMPUESTO DE ALIMENTOS FRITOS, Y ADVIRTIÓ LA PRESENCIA DE UNA MUJER SORPRENDENTEMENTE ATRACTIVA. NO PARECÍA PASAR DE LOS TREINTA Y CINCO AÑOS, ERA PEQUEÑA Y ESBELTA, Y TENÍA UN PELO TAN NEGRO COMO EL SUYO. POSEÍA UNOS ENORMES OJOS DE COLOR VIOLETA Y UNA PIEL NOTABLE POR SU FINURA. JEREMIAH OBSERVÓ QUE VESTÍA CON ELEGANCIA. EL VESTIDO DE TERCIOPELO QUE LLEVABA SÓLO PODÍA PROCEDER DE PARÍS. SE ENCONTRÓ A SÍ MISMO MIRÁNDOLA DURANTE LA COMIDA, Y NO PUDO RESISTIR LA TENTACIÓN DE HABLARLE CUANDO SALIERON DEL RESTAURANTE AL MISMO TIEMPO, APRESURÁNDOSE PARA NO PERDER EL TREN. LE AGUANTÓ LA PUERTA PARA QUE PASARA, Y ELLA SONRIÓ ALGO SONROJADA, LO QUE ÉL ENCONTRÓ REALMENTE ENCANTADOR.
—QUÉ VIAJE MÁS PESADO… ¿VERDAD? —DIJO ÉL MIENTRAS SE DIRIGÍA HACIA EL TREN CASI CORRIENDO.
—YO DIRÍA TERRIBLE —RESPONDIÓ ELLA RIENDO.
JEREMIAH DEDUJO, POR SU ASPECTO, QUE ERA DE ORIGEN BRITÁNICO. LLEVABA EN LA MANO IZQUIERDA UN ANILLO CON UN GRAN ZAFIRO BELLAMENTE TALLADO, PERO NO VIO ANILLO DE BODA ALGUNO. QUEDÓ INTRIGADÍSIMO; LO SUFICIENTE COMO PARA RECORRER EL TREN EN SU BUSCA, AL ATARDECER. LA ENCONTRÓ EN EL COCHE-SALÓN. ESTABA LEYENDO UN LIBRO ANTE UNA TAZA DE TÉ. ELLA LEVANTÓ LA MIRADA HACIA ÉL CON AIRE DE SORPRESA, Y ÉL INCLINÓ LA CABEZA SONRIENDO. DE PRONTO, SE SINTIÓ TÍMIDO. AUNQUE NO HABÍA PODIDO APARTARLA DE SU MENTE EN TODA LA TARDE —COSA RARA EN ÉL—, EN AQUEL MOMENTO NO SABÍA QUÉ DECIRLE. HABÍA EN ELLA ALGO EXTRAÑAMENTE MAGNÉTICO. LO PERCIBIÓ MIENTRAS BUSCABA LAS PALABRAS MÁS ADECUADAS PARA ROMPER EL HIELO. INESPERADAMENTE, LA MUJER LE DIJO, SEÑALANDO UN SILLÓN VACÍO FRENTE AL SUYO:
—QUIZÁ LE GUSTARÍA SENTARSE…
—¿NO LE IMPORTARÁ?
—EN ABSOLUTO.
UNA VEZ SENTADO DELANTE DE ELLA, SE PRESENTARON. ELLA SE LLAMABA AMELIA GOODHEART, Y ÉL NO TARDÓ EN SABER QUE HACÍA MÁS DE CINCO AÑOS QUE SE HABÍA QUEDADO VIUDA Y QUE IBA AL SUR A VISITAR A UNA HIJA Y A CONOCER A SU SEGUNDO NIETO RECIENTEMENTE NACIDO. EL PRIMERO DE ELLOS HABÍA VENIDO AL MUNDO EN SAN FRANCISCO POCOS DÍAS ANTES. AMELIA GOODHEART VIVÍA EN NUEVA YORK.
—VIVEN USTEDES MUY ESPARCIDOS —DIJO JEREMIAH SONRIENDO Y HACIENDO LUEGO UNA PAUSA PARA DISFRUTAR DE LA SONRISA CON QUE ELLA HABÍA RESPONDIDO A LA SUYA Y ADMIRAR SUS FASCINANTES OJOS.
—DEMASIADO SEPARADOS PARA NUESTRO GUSTO. MIS DOS HIJAS SE CASARON EL AÑO PASADO. Y MIS OTROS TRES HIJOS AÚN ESTÁN EN CASA CONMIGO.
AMELIA GOODHEART TENÍA CUARENTA AÑOS Y ERA UNA DE LAS MUJERES MÁS BONITAS QUE ÉL HUBIERA VISTO JAMÁS. LOS OJOS DE JEREMIAH NO SABÍAN APARTARSE DE ELLA. LLEGÓ LA HORA DE CENAR SIN QUE SE LE HUBIERA OCURRIDO SIQUIERA LEVANTARSE Y, AL LLEGAR A LA PRÓXIMA ESTACIÓN, LA INVITÓ A HACERLO JUNTOS. BAJARON DEL TREN Y ÉL LE OFRECIÓ UN BRAZO QUE ELLA ACEPTÓ. MIENTRAS CAMINABA AL LADO DE AMELIA, JEREMIAH SINTIÓ QUE ALGO SE ANIMABA EN SU INTERIOR. ERA EL TIPO DE MUJER QUE UNO HABRÍA DESEADO PROTEGER, DEFENDER DE TODO PELIGRO Y TAMBIÉN EXHIBIR, DICIENDO: «¡MIRAD, ES MÍA!» PARECÍA INIMAGINABLE QUE PUDIERA SOBREVIVIR POR SÍ MISMA SIQUIERA UNA HORA. SIN EMBARGO, ERA DIVERTIDA Y AFECTUOSA Y DEMOSTRABA UNA GRAN AGUDEZA MENTAL. MIENTRAS HABLARON, JEREMIAH SE SENTÍA COMO UN ADOLESCENTE DISPUESTO A CAER A SUS PIES. SE HABÍA ENAMORADO FULMINANTEMENTE DE ELLA. DESPUÉS DE CENAR, LA INVITÓ A TOMAR UNA TAZA DE TÉ EN SU VAGÓN PARTICULAR. UNA VEZ ALLÍ, MIENTRAS EL TREN SEGUÍA ADELANTE, AMELIA LE HABLÓ DE SU MARIDO, DEMOSTRANDO QUE LE RECORDABA CON AFECTO. CONFESÓ A JEREMIAH QUE HABÍA DEPENDIDO TOTALMENTE DE ÉL Y QUE ENTONCES SE ESTABA ESFORZANDO POR DESENVOLVERSE EN EL MUNDO POR SÍ MISMA; EJEMPLO DE ELLO ERA AQUEL VIAJE PARA VISITAR A SUS DOS HIJAS MAYORES. ERA OBVIO QUE SE TRATABA DE SU PRIMER GOLPE DE AUDACIA. DIJO QUE AQUEL NUEVO MODO DE APAÑARSE LA DIVERTÍA MUCHO Y QUE SE PREGUNTABA POR QUÉ NO HABÍA EMPEZADO A PONERLO EN PRÁCTICA ANTES. ENTRETANTO, JEREMIAH, QUE SÓLO TENÍA OJOS PARA ELLA, NO SE CANSABA DE REPETIRSE QUE ERA LA MUJER MÁS HERMOSA QUE HABÍA VISTO EN SU VIDA.
POR PRIMERA VEZ DESDE HACÍA MUCHOS AÑOS, UNA MUJER HABÍA CONSEGUIDO BORRAR DE SU MENTE A MARY ELLEN BROWNE. ERAN TAN DIFERENTES… LA UNA, SIMPLE Y ESPONTÁNEA, CURTIDA Y VIGOROSA; LA OTRA, MÁS DELICADA, MÁS COMPLEJA, MÁS ELEGANTE Y, A SU MANERA, QUIZÁ MÁS FUERTE QUE MARY ELLEN. LE ATRAÍAN CLARAMENTE LAS DOS, PERO, EN AQUEL MOMENTO, ERA AMELIA QUIEN ACAPARABA SU ATENCIÓN. MENCIONÓ QUE SÓLO SE HABÍA LLEVADO CONSIGO A UNA DONCELLA, PUES UNA PRIMA MAYOR QUE ELLA HABÍA ENFERMADO DESPUÉS DE OFRECERSE A ACOMPAÑARLA, LO QUE NO HABÍA IMPEDIDO QUE AMELIA HICIERA EL VIAJE PROYECTADO. QUERÍA VER A SUS CHICAS.
—EN REALIDAD, DE NADA ME SERVIRÍA LA COMPAÑÍA DE OTRA MUJER. Y MI PRIMA MARGARET APENAS HABRÍA PODIDO CUIDAR DE MÍ —ACLARÓ.
AMELIA RIÓ PENSANDO EN LO QUE ACABABA DE DECIR, LO QUE PROVOCÓ UNA SONRISA EN JEREMIAH. HABÍA ALGO FASCINANTEMENTE VULNERABLE EN AQUELLOS OJOS DE COLOR VIOLETA… DE PRONTO, SINTIÓ UN FUERTE DESEO DE ESTRECHARLA ENTRE SUS BRAZOS, PERO NO SE ATREVIÓ A HACERLO. SIGUIERON HABLANDO DE EUROPA Y DE NAPA, DE LOS VINOS QUE ÉL COSECHABA, DE LOS HIJOS DE ELLA, DE LA NIÑEZ DE ÉL Y DE SUS OCUPACIONES ACTUALES. JEREMIAH HABRÍA DESEADO QUEDARSE ALLÍ, HABLANDO TODA LA NOCHE CON ELLA, PERO, HACIA MEDIANOCHE, AMELIA AHOGÓ UN BOSTEZO. AUNQUE HABÍAN PASADO OCHO HORAS JUNTOS, ÉL DETESTÓ EL MOMENTO EN QUE TUVO QUE ACOMPAÑARLA A SU VAGÓN.
—¿NO NECESITARÁ USTED NADA?
AMELIA SONRIÓ ANTE LA EXPRESIÓN PREOCUPADA DE JEREMIAH.
—CREO QUE NO —RESPONDIÓ; LUEGO, CON UNA SONRISA AÚN MÁS AFECTUOSA, AÑADIÓ—: HA SIDO UNA VELADA ENCANTADORA. MUCHAS GRACIAS.
AL DESPEDIRSE AMBOS CON UN APRETÓN DE MANOS, JEREMIAH VOLVIÓ A NOTAR SU PERFUME. YA LO HABÍA PERCIBIDO EN SU VAGÓN PARTICULAR Y LO ADVIRTIÓ DE NUEVO CUANDO REGRESÓ A ÉL. ERA UN PERFUME EXÓTICO, ESPECIADO Y FRESCO A LA VEZ, PROFUNDAMENTE SENSUAL. EL INTERIOR DEL VAGÓN PARTICULAR HABÍA QUEDADO TAN IMPREGNADO DE AQUEL AROMA, QUE JEREMIAH SE IMAGINÓ QUE AMELIA SEGUÍA ALLÍ CON ÉL. ERA LO QUE HABRÍA DESEADO: GOZAR DE SU PRESENCIA EN UN VIAJE INTERMINABLE.
A JEREMIAH, AQUELLA NOCHE LE PARECIÓ UNA ETERNIDAD. SE LA PASÓ PENSANDO EN LA ELEGANTE MUJER QUE HABÍA CONOCIDO Y QUE DORMÍA EN OTRO LUGAR DE AQUEL MISMO TREN. HACÍA MUCHO TIEMPO QUE NINGUNA MUJER LE HABÍA INTERESADO DE AQUELLA MANERA. ANHELABA LA LLEGADA DEL NUEVO DÍA PARA VOLVER A VERLA. A LA MAÑANA SIGUIENTE, BAJÓ DEL TREN EN LA PRIMERA PARADA ESPERANDO VERLA CAMINANDO POR EL ANDÉN, PERO SÓLO HABÍA ALGUNAS DONCELLAS CON LOS PERRITOS DE SUS DUEÑAS Y ALGUNOS HOMBRES SOLITARIOS QUE SE HABÍAN APEADO PARA ESTIRAR LAS PIERNAS. DE AMELIA, NI RASTRO. VOLVIÓ A SU VAGÓN PARTICULAR DESILUSIONADO COMO UN CRÍO. FINALMENTE, AL MEDIODÍA, RECORRIÓ TODO EL TREN, HASTA QUE LA DESCUBRIÓ. COMO EL DÍA ANTERIOR, ESTABA LEYENDO UN LIBRO Y TOMANDO UNA TAZA DE TÉ CASI EN EL MISMO SITIO.
—¡POR FIN LA ENCONTRÉ! —EXCLAMÓ JEREMIAH. AMELIA LEVANTÓ LA MIRADA HACIA ÉL CON UNA AMPLIA SONRISA.
—¿ACASO ME HE PERDIDO?
ÉL LE DEVOLVIÓ LA SONRISA MIRÁNDOLA CON OJOS ILUSIONADOS.
—PARA MÍ, SÍ. LA HE ESTADO BUSCANDO CASI DURANTE TODA LA MAÑANA.
—PUES ESTABA AQUÍ.
JEREMIAH DESEABA IMPACIENTEMENTE VOLVER A PASAR UNAS HORAS EN SU COMPAÑÍA, POR LO QUE, SIN RODEOS, VOLVIÓ A INVITARLA A PASAR A SU VAGÓN. ELLA ACEPTÓ DE BUEN GRADO, PERO JEREMIAH, MIENTRAS LA CONDUCÍA POR LOS PASILLOS DEL TREN, SE PREGUNTÓ SI NO ESTARÍA CREANDO UNA SITUACIÓN EMBARAZOSA PARA AMELIA. AL FIN Y AL CABO ÉL ERA UN HOMBRE SOLTERO, Y NO SABÍA QUIÉN PODÍA HABER EN EL TREN… RARAS VECES TENÍA PREOCUPACIONES DE AQUEL TIPO, PERO AHORA NO QUERÍA PERJUDICAR A AMELIA EN MODO ALGUNO. AL EXPRESARLE SU PREOCUPACIÓN, ELLA LE DIJO:
—NO SEA TONTO, JEREMIAH. YA HACE TIEMPO QUE DEJÉ DE SER UNA CHIQUILLA. —Y MOVIÓ ELEGANTEMENTE LA MANO COMO PARA AHUYENTAR LOS ESCRÚPULOS.
JEREMIAH ADVIRTIÓ UN CAMBIO EN AQUELLA FEMENINA MANO: MOSTRABA UNA HERMOSA ESMERALDA EN VEZ DEL ZAFIRO DEL DÍA ANTERIOR. ÉL PENSÓ POR UN MOMENTO EN EL PELIGRO QUE SUPONÍA LLEVAR JOYAS COMO AQUÉLLAS VIAJANDO EN TREN, PERO AMELIA NO PARECÍA PREOCUPARSE LO MÁS MÍNIMO. EN SU MENTE, LLENA SÓLO DE COSAS AGRADABLES, NO TENÍA CABIDA EL TEMOR DE SER ROBADA, NI TAMPOCO MUCHOS OTROS MIEDOS QUE SOLÍAN ANGUSTIAR A LAS DEMÁS MUJERES. CUANDO YA HABÍAN COMPARTIDO DOS DÍAS JUNTOS, LA ADMIRACIÓN DE JEREMIAH POR ELLA HABÍA LLEGADO AL MÁXIMO POSIBLE. CASI LAMENTABA NO HABERLA CONOCIDO AÑOS ANTES, Y ASÍ SE LO DIJO. AMELIA, AL OÍR SUS PALABRAS, QUEDÓ VISIBLEMENTE EMOCIONADA. CON MIRADA ACARICIANTE, RESPONDIÓ:
—¡QUÉ COSAS MÁS BONITAS DICE!
—LO DIGO Y LO SOSTENGO. NUNCA HABÍA CONOCIDO A UNA MUJER COMO USTED… —LA MIRÓ A LOS OJOS, ENTRE ADMIRADO Y ENTERNECIDO—. DESDE LUEGO, SU MARIDO FUE UN HOMBRE DE SUERTE.
—FUI YO QUIEN LA TUVO.
SU VOZ ERA TAN SUAVE COMO UNA BRISA DE VERANO. JEREMIAH LE TENDIÓ UNA MANO. SE SENTARON EN SILENCIO, MIENTRAS EL PANORAMA CAMPESTRE SE DESLIZABA ANTE SUS OJOS, UN PANORAMA QUE APENAS VEÍAN, OCUPADOS, COMO ESTABAN, EN CRUZAR CONTINUAMENTE SUS MIRADAS. EL RESTO DEL MUNDO HABÍA DEJADO DE EXISTIR PARA ELLOS.
—¿NUNCA QUISO VOLVERSE A CASAR? —LE PREGUNTÓ JEREMIAH.
AMELIA MENEÓ LA CABEZA Y SONRIÓ SUAVEMENTE.
—EN REALIDAD, NO. ME ENCUENTRO BIEN TAL COMO ESTOY. ME BASTAN MIS HIJOS PARA HACERME FELIZ Y MANTENERME OCUPADA… MI CASA, MIS AMISTADES…
—DEBIERA USTED TENER ALGO MÁS.
INTERCAMBIARON OTRA LARGA SONRISA, Y ÉL, CON EXTREMA SUAVIDAD, VOLVIÓ A TOCARLE LOS DEDOS. TENÍA UNAS MANOS EXQUISITAS; NO ERA DE EXTRAÑAR QUE SU ESPOSO LE HUBIERA REGALADO AQUELLOS MAGNÍFICOS ANILLOS. ARMONIZABAN MUY BIEN CON ELLA, LO MISMO QUE LAS COSTOSAS Y ELEGANTES ROPAS QUE LLEVABA. Y MIENTRAS LA OBSERVABA, JEREMIAH SE PREGUNTÓ CÓMO HABRÍA SIDO SU VIDA SI HUBIERA ESTADO CASADO CON UNA MUJER COMO AQUÉLLA. NO PODÍA IMAGINÁRSELA EN NAPA, NI A SÍ MISMO REGRESANDO A CASA DESPUÉS DE TRABAJAR TODO EL DÍA EN LAS MINAS.
—¿EN QUÉ ESTÁ PENSANDO? —LE PREGUNTÓ AMELIA. LOS OJOS DE AQUEL HOMBRE LA FASCINABAN. HABÍA EN ELLOS TODO UN MUNDO DE PROFUNDIDADES.
—EN NAPA, EN MIS MINAS, EN CÓMO SERÍA MI VIDA SI LA TUVIERA A USTED ALLÍ…
ELLA PARECIÓ SORPRENDERSE AL OÍR SUS PALABRAS; DESPUÉS, SONRIÓ.
—SUPONGO QUE SERÍA UNA VIDA MUY INTERESANTE. SIN DUDA, MUY DIFERENTE A LA DE NUEVA YORK. —EN REALIDAD, NO PODÍA NI IMAGINÁRSELA—. ¿HAY INDIOS DONDE USTED VIVE?
JEREMIAH RIÓ.
—NO TAL COMO USTED SE LOS FIGURA, PERO SÍ, ALGUNOS. AHORA TODOS SON MUY DÓCILES Y VULGARES.
—¿YA NO ULULAN NI LANZAN TOMAHAWKS?
JEREMIAH VOLVIÓ A REÍR ANTE LA IRONÍA DE AMELIA.
—QUÉ DECEPCIÓN, JEREMIAH…
—TENEMOS OTRAS MANERAS DE DIVERTIRNOS.
—¿CUÁLES?
JEREMIAH RECORDÓ AL INSTANTE LAS NOCHES DE SÁBADO QUE PASABA EN CALISTOGA, PERO HIZO UN ESFUERZO PARA PENSAR EN OTRAS COSAS.
—SAN FRANCISCO SÓLO SE HALLA A SIETE U OCHO HORAS DEL LUGAR DONDE VIVO.
—¿PASA USTED MUCHO TIEMPO ALLÍ?
JEREMIAH MENEÓ LA CABEZA.
—A DECIR VERDAD, NO. ME LEVANTO A LAS CINCO DE LA MAÑANA. DESAYUNO A LAS SEIS. DESPUÉS, SALGO HACIA LA MINA, Y VUELVO A CASA AL ANOCHECER. A VECES, INCLUSO MÁS TARDE. TAMBIÉN TRABAJO LOS SÁBADOS POR LA MAÑANA… —VACILÓ, PERO SÓLO POR UN MOMENTO—. Y LOS SÁBADOS POR LA TARDE YA EMPIEZO A IMPACIENTARME ESPERANDO QUE LLEGUE EL LUNES PARA VOLVER A LA MINA.
—DEBE DE SER UNA VIDA MUY SOLITARIA, LA SUYA, AMIGO. —LA EXPRESIÓN DE TRISTEZA DE AMELIA LLEGÓ AL CORAZÓN DE JEREMIAH. ¿CÓMO ERA POSIBLE QUE A AQUELLA MUJER LE IMPORTARA SI TRABAJABA DEMASIADO O ESTABA SOLO?—. ¿POR QUÉ HA PERMANECIDO SOLTERO, JEREMIAH? —AÑADIÓ CON CIERTO TONO DE DESOLACIÓN EN LA VOZ.
—CREO QUE POR HABER ESTADO EXCESIVAMENTE OCUPADO. DE TODOS MODOS, ESTUVE A PUNTO DE CASARME. HACE CASI VEINTE AÑOS DE ELLO. —LE SONRIÓ A AMELIA CON FINGIDA DESPREOCUPACIÓN—. DEBE DE SER MI DESTINO.
—¡NO DIGA INSENSATECES! NADIE DEBIERA ENVEJECER SOLO —PERO ERA LO QUE LE SUCEDERÍA A ELLA, A MENOS QUE VOLVIERA A CASARSE.
—¿POR ESO SE CASAN LAS PERSONAS? ¿ÚNICAMENTE PARA NO ENCONTRARSE SOLAS CUANDO LLEGAN A LA VEJEZ?
—NO, POR SUPUESTO. ESTÁ LA COMPAÑÍA, LA AMISTAD, EL AMOR… EL PODER CONTAR CON ALGUIEN CON QUIEN COMPARTIR LAS ALEGRÍAS Y LAS PENAS, ALGUIEN A QUIEN MIMAR Y AMAR, ALGUIEN EN QUIEN REFUGIARSE, ALGUIEN CON QUIEN SALIR A CONTEMPLAR LA CAÍDA DE LAS PRIMERAS NIEVES… —MIENTRAS HABLABA, AMELIA PENSABA EN SU HIJA, EN SU YERNO Y EN SU NIETO RECIÉN NACIDO, A LOS QUE TANTO QUERÍA. LOS OJOS DE LA MUJER VOLVIERON A LEVANTARSE HACIA JEREMIAH—. NO CREO QUE PUEDA IMAGINARSE DE QUÉ LE ESTOY HABLANDO, PERO ES MUCHO LO QUE SE HA PERDIDO USTED. MIS HIJOS SON LA MAYOR ILUSIÓN DE MI VIDA. Y PARA USTED NO ES AÚN DEMASIADO TARDE. AÚN PUEDE TENERLOS. NO SEA TONTO, JEREMIAH. SEGURO QUE PUEDE USTED ESCOGER TODAVÍA ENTRE MIL MUJERES. ESCOJA UNA, CÁSESE CON ELLA Y TENGA UN MONTÓN DE HIJOS ANTES DE QUE SEA TARDE. NO DEBE PRIVARSE DE ESAS SATISFACCIONES.
JEREMIAH QUEDÓ SORPRENDIDO ANTE LA VEHEMENCIA DE AQUELLAS PALABRAS. EL MODO DE HABLAR DE AMELIA LE LLEGÓ AL ALMA.
—ME ESTÁ USTED HACIENDO RECONSIDERAR EL MODO DE VIDA QUE HE LLEVADO. —SONRIÓ A SU AMIGA Y SE RECOSTÓ EN EL GRAN SILLÓN DE TERCIOPELO VERDE OSCURO—. NO ME EXTRAÑARÍA QUE TUVIERA USTED QUE SALVARME DE MÍ MISMO CASÁNDOSE CONMIGO EN LA PRIMERA CIUDAD EN QUE NOS DETENGAMOS. ¿QUÉ CREE QUE DIRÍAN DE ELLO SUS HIJAS?
—CREO QUE LO CONSIDERARÍAN COMO UNA BARBARIDAD… Y POR UNA VEZ TENDRÍAN RAZÓN.
—¿DE VERAS? —LOS OJOS DE JEREMIAH INTERROGARON LOS DE AMELIA CON IMPACIENCIA.
—SÍ, ES LO QUE PENSARÍAN… Y PROBABLEMENTE SE ENFURECERÍAN.
—¿CREE USTED QUE SERÍA UNA BARBARIDAD TAN GRANDE QUE USTED Y YO… QUE TÚ Y YO…?
UN EXTRAÑO ESCALOFRÍO RECORRIÓ LA ESPINA DORSAL DE AMELIA. NO TODO ERA BROMA EN LAS PALABRAS DE JEREMIAH, Y ELLA NO QUERÍA JUGAR CON ÉL. NO ERAN MÁS QUE DOS EXTRAÑOS EN UN TREN, PERO AMELIA SABÍA QUE AQUEL HOMBRE NO LE ERA INDIFERENTE. SIN EMBARGO, AÚN NO HABÍA PERDIDO LA SENSATEZ. TENÍA SU PROPIO ESTILO DE VIDA, UNA CASA EN NUEVA YORK, TRES HIJOS QUE CUIDAR EN CASA, DOS HIJAS MAYORES Y DOS YERNOS.
—JEREMIAH, NO BROMEE CON UNA COSA TAN SERIA COMO ÉSA. —SU VOZ ERA TAN SUAVE COMO LA SEDA, TAN DULCE COMO UN BESO EN LA MEJILLA DE UN NIÑO—. DEBE USTED SABER QUE LE APRECIO MUCHO. Y QUE QUIERO SER AMIGA SUYA… INCLUSO DESPUÉS DE HABER DEJADO ESTE TREN.
—YO TAMBIÉN. CÁSESE CONMIGO.
JAMÁS HABÍA DICHO UNA INSENSATEZ COMO AQUÉLLA, Y ESTABA A PUNTO DE COMETER LA MAYOR LOCURA DE SU VIDA, PERO NO LO IGNORABA.
—NO PUEDO. —AMELIA SE SINTIÓ PALIDECER Y, LUEGO, ENROJECER PARA VOLVER A SU SENSACIÓN DE PALIDEZ.
—¿POR QUÉ NO?
JEREMIAH HABLABA MUY EN SERIO, LO QUE EMPEORABA LA SITUACIÓN. AMELIA ESTABA CASI ASUSTADA POR SU ARDOROSA MIRADA.
—POR DIOS, JEREMIAH… ¿NO VE QUE AÚN TENGO TRES HIJOS QUE CUIDAR?
ERA UNA DÉBIL EXCUSA, PERO TAMBIÉN LO ÚNICO QUE SE LE HABÍA OCURRIDO.
—¿Y QUÉ? PODRÍAMOS LLEVÁRNOSLOS A SANTA ELENA. NO SERÍAMOS LOS ÚNICOS QUE CRIARAN A SUS HIJOS ALLÍ. ES UN LUGAR RESPETABLE, A PESAR DE LOS INDIOS —SONRIÓ—. CONSTRUIREMOS UNA ESCUELA ESPECIAL PARA ELLOS.
—¡BASTA, JEREMIAH! —AMELIA SE LEVANTÓ DE UN BRINCO—. DEJE YA DE DECIR INSENSATECES. LO APRECIO, ME GUSTA USTED, ES UNO DE LOS HOMBRES MÁS INTERESANTES Y DECENTES QUE HAYA CONOCIDO JAMÁS. PERO SÓLO ACABAMOS DE CONOCERNOS. USTED ES UN EXTRAÑO PARA MÍ, Y YO LO SOY PARA USTED. NO SABE SI BEBO, SI ESTOY MEDIO LOCA, SI SOY UNA JUGADORA EMPEDERNIDA O SIMPLEMENTE UNA FARSANTE… COMO IGNORA SI PEGO A MIS HIJOS, O SI ASESINÉ A MI MARIDO… —UNA SONRISA ILUMINÓ SUS OJOS, Y ÉL LE TENDIÓ UNA MANO A AMELIA; ELLA LA TOMÓ Y LA BESÓ—. HÁGAME UN FAVOR, HOMBRE ENCANTADOR: NO ME PROVOQUE DE ESTA MANERA. LA PRÓXIMA PRIMAVERA CUMPLIRÉ CUARENTA Y UN AÑOS. SOY YA DEMASIADO VIEJA PARA ESTOS JUEGOS. ME CASÉ CON EL QUE HABÍA DE SER MI MARIDO A LOS DIECISIETE AÑOS, PERO HACE MUCHO TIEMPO QUE DEJÉ DE SER UNA MUCHACHA, Y ES DIFÍCIL QUE PUDIERA VOLVER A SER MADRE… AHORA SOY UNA ABUELA. ME HALLO MUY LEJOS DE HACER ALGO TAN DESATINADO COMO HUIR A CALIFORNIA CON USTED. ME GUSTARÍA… TIENE TODO EL AIRE DE SER UNA MARAVILLOSA AVENTURA, PERO DENTRO DE UNOS DÍAS USTED SE HALLARÁ EN ATLANTA, YO EN SAVANNAH, ADMIRANDO MI SEGUNDO NIETO. DEBEMOS COMPORTARNOS CON SENSATEZ SI NO QUEREMOS QUE ALGUNO DE LOS DOS RESULTE HERIDO, Y CREA QUE NO QUIERO QUE ESE ALGUNO SEA USTED. ¿SABE LO QUE DESEO? QUE ENCUENTRE UNA HERMOSA MUCHACHA QUE PUEDA SER SU ESPOSA, Y LE DÉ UNA DOCENA DE HIJOS, Y QUE DISFRUTE DE UN AMOR COMO EL QUE YO VIVÍ DURANTE VEINTE AÑOS. YO LO TUVE, PERO USTED NO, Y ESPERO QUE LO ENCUENTRE PRONTO.
LOS OJOS DE AMELIA SE LLENARON DE LÁGRIMAS. IBA A VOLVERSE HACIA OTRO LADO CUANDO ÉL SE LE ACERCÓ Y, SIN DECIR PALABRA, LA ENVOLVIÓ CON SUS BRAZOS, LA ATRAJO HACIA SÍ Y BUSCÓ LOS LABIOS DE LA MUJER CON LOS SUYOS. ELLA NO LO RECHAZÓ EN ABSOLUTO. AL CONTRARIO, BESÓ A JEREMIAH CON UN FERVOR Y UNA PASIÓN QUE HABÍA TENIDO QUE REPRIMIR DURANTE MUCHOS AÑOS. ÉL HIZO LO MISMO, Y NO PRECISAMENTE POR NO HABER TENIDO CON QUIEN DESAHOGARSE. POR FIN, SE VOLVIERON A SENTAR, CASI SIN ALIENTO.
—ES USTED UN LOCO, JEREMIAH —DIJO AMELIA SIN MUCHA CONVICCIÓN. ÉL LE RESPONDIÓ CON UNA SONRISA, DICIENDO:
—NO. PUEDO SER OTRAS COSAS, PERO ESO NO. —VOLVIÓ A MIRARLA PROFUNDAMENTE A LOS OJOS—. Y USTED ES LA MUJER MÁS MARAVILLOSA QUE HE CONOCIDO. QUIERO QUE SE DÉ CUENTA DE ELLO. LO MÍO NO ES UNA ILUSIÓN MOMENTÁNEA, NI TAMPOCO UN CAPRICHO. EN CUARENTA Y TRES AÑOS, SÓLO HE PEDIDO A DOS MUJERES QUE SE CASARAN CONMIGO. Y, SI USTED QUISIERA, ME CASARÍA CON USTED EN LA PRÓXIMA CIUDAD EN QUE NOS DETENGAMOS. ¿Y QUIERE QUE LE DIGA UNA COSA? SERÍAMOS FELICES DURANTE EL RESTO DE NUESTRAS VIDAS. ESTOY TAN SEGURO DE ELLO COMO DE QUE ESTOY SENTADO AQUÍ.
LO CURIOSO DEL CASO ERA QUE ELLA CREÍA QUE JEREMIAH TENÍA RAZÓN. PERO CONTESTÓ:
—PODRÍAMOS SERLO, O PODRÍAMOS NO SERLO. DE TODOS MODOS, CREO QUE LO MÁS SENSATO ES NO INTENTARLO.
—¿POR QUÉ?
—QUIZÁ NO SOY TAN VALIENTE COMO USTED. PREFERIRÍA TENERLO SÓLO COMO AMIGO.
PERO ÉL, DESPUÉS DEL BESO QUE ACABABA DE RECIBIR, NO ESTABA SEGURO DE QUE FUERA AQUELLO LO QUE AMELIA QUERÍA.
PARA ROMPER LA TENSIÓN QUE SE ESTABA CREANDO ENTRE ELLOS, JEREMIAH SE LEVANTÓ Y FUE HACIA UN ARMARITO DE NOGAL DONDE HABÍA PUESTO UNA DOCENA DE BOTELLAS DE SU MEJOR VINO.
—¿QUIERE BEBER UN POCO? HE TRAÍDO ALGUNAS BOTELLAS DE MI VINO.
—CON MUCHO GUSTO, JEREMIAH.
ÉSTE DESTAPÓ LA BOTELLA Y LLENÓ DOS VASOS DE VINO TINTO, LO OLIÓ, PARECIÓ SATISFECHO Y DIO EL PRIMERO A AMELIA.
—AQUÍ NADIE LA VERÁ.
EN REALIDAD, NO LO HABRÍA HECHO EN NINGÚN OTRO LUGAR DEL TREN. LO CIERTO ES QUE, DESDE EL PRIMER SORBO, QUEDÓ SORPRENDIDA DE LA FINURA DE AQUEL VINO Y SE SINTIÓ RECONFORTADA AL TOMARLO. VOLVÍA A SENTIRSE IMPRESIONADA POR AQUEL HOMBRE. MIENTRAS DEJABA EL VASO VACÍO SOBRE LA MESA, LEVANTÓ LOS OJOS HACIA ÉL; HABÍA CIERTA TRISTEZA EN SU MIRADA.
—NO QUISIERA QUE ME ATRAJESE USTED TANTO.
—PUES YO QUISIERA ATRAERLA AÚN MÁS. —AMBOS RIERON.
SE APEARON EN LA PRÓXIMA ESTACIÓN EN QUE SE DETUVO EL TREN Y COMPARTIERON UNA RÁPIDA CENA. ANTES DE VOLVER AL TREN, COMPRARON UN CESTO DE FRUTA. A JEREMIAH LE HABÍA QUEDADO QUESO DEL DÍA ANTERIOR, Y SE LO COMIERON CON PARTE DE LA FRUTA. NATURALMENTE, NO LES FALTÓ EL VINO; VASO A VASO, FUERON BEBIÉNDOLO HASTA BIEN ENTRADA LA NOCHE EN TANTO QUE POLEMIZABAN, ENTRE OTRAS COSAS, SOBRE LA CONDICIÓN DE LA ESPECIE HUMANA. LO QUE NO IMPIDIÓ QUE, ALGO ACHISPADOS, ENCONTRARAN MOTIVOS DE RISA EN CUALQUIERA DE SUS PALABRAS. AMBOS SABÍAN QUE HABÍAN ENCONTRADO UN AMIGO PARA TODA LA VIDA. AMELIA ERA LA MUJER MÁS ATRACTIVA E INTELIGENTE QUE JEREMIAH HUBIERA CONOCIDO JAMÁS. DURANTE LOS DÍAS SIGUIENTES, ÉL BRINDÓ POR CADA UNA DE LAS PALABRAS DE AMELIA, QUIEN NO SE PRIVÓ DE PARTICIPAR EN SUS LIBACIONES. TOMARON TODAS LAS COMIDAS JUNTOS, JUGARON A LAS CARTAS, RIERON, SE CONTARON CHISTES Y COMPARTIERON CONFIDENCIAS QUE NINGUNO DE LOS DOS HABÍA HECHO ANTES A NADIE. CUANDO LLEGARON A ATLANTA, JEREMIAH QUEDÓ CONVENCIDO DE QUE ESTABA MÁS QUE LIGERAMENTE ENAMORADO DE AMELIA. DE HECHO, ESTABA LOCO POR ELLA Y, AL MISMO TIEMPO, SABÍA QUE AMELIA NUNCA ACCEDERÍA A CASARSE CON ÉL. JEREMIAH CREÍA SABER POR QUÉ. EN LO MÁS PROFUNDO DE SU ALMA, AQUELLA MUJER AÚN SEGUÍA ATADA AL RECUERDO DE SU ESPOSO, Y QUIZÁ LO ESTARÍA SIEMPRE. NO DEJABA DE INSISTIR EN QUE JEREMIAH NECESITABA UNA MUJER JOVEN, E HIJOS PROPIOS. ÉL LE HABLÓ DE JOHN HARTE Y DE LA MADRE DE SUS DOS HIJOS, Y CONFESÓ A AMELIA QUE NO ESTABA SEGURO DE QUERER CORRER AQUEL RIESGO.
—NO PODRÍA SOPORTAR LA MUERTE DE UN HIJO. HACE MUCHO TIEMPO, PERDÍ A LA MUJER A QUIEN AMABA, Y AQUELLO FUE SUFICIENTE PARA MÍ, AMELIA.
AQUELLAS CONFIDENCIAS TENÍAN LUGAR A ALTAS HORAS DE UNA NOCHE, A LA MITAD DE LA SEGUNDA BOTELLA DE VINO. AMELIA MENEÓ LA CABEZA Y DIJO:
—NO SE PUEDE VIVIR CON SEMEJANTE APRENSIÓN. A VECES, EN LA VIDA, HAY QUE ARRIESGARSE UN POCO. ESO LO SABE MUY BIEN…
—YO SÍ, PERO MI CORAZÓN NO… —JEREMIAH CERRÓ LOS OJOS AL APARECER DE NUEVO EN SU MENTE LA CARA DE BARNABY HARTE—. NO PODRÍA SOPORTARLO.
AMELIA LE AGARRÓ EL BRAZO.
—DEBE SUPERAR ESE TEMOR. NO PIERDA LA OPORTUNIDAD QUE TODAVÍA LE QUEDA. TIENE AÚN TODA UNA VIDA POR DELANTE. DEBE USTED REACCIONAR, APROVECHAR LA OCASIÓN QUE TIENE DE DAR UNA NUEVA ORIENTACIÓN A SU EXISTENCIA. HAGA LO QUE DIGO. BUSQUE A LA MUJER ADECUADA, CONSIGA LO QUE EN REALIDAD ESTÁ DESEANDO, LO QUE NECESITA, LO QUE MERECE…
—¿Y QUÉ ES LO QUE NECESITO Y MEREZCO? —NI SIQUIERA ESTABA SEGURO DE LO QUE QUERÍA.
—UNA MUCHACHA CON FUEGO, CON PASIÓN… CON AMOR EN SUS VENAS; UNA CHICA TAN LLENA DE VIDA QUE CASI TENGA QUE ECHARLE EL LAZO Y ATARLA.
JEREMIAH RIÓ.
—PARECE QUE ESTÉ HABLANDO DE SÍ MISMA. ¿ES ESO LO QUE DEBIERA HACER CON USTED?
—SERÁ MEJOR QUE NO LO HAGA, JEREMIAH THURSTON. USTED SABE A QUÉ TIPO DE MUJER ME REFIERO: A UNA PEQUEÑA BOLA DE FUEGO QUE LLENE SU CASA DE CALOR, FELICIDAD Y ALEGRÍA.
—VAYA TRASTORNO QUE ME PROPONE USTED… —SIN EMBARGO, TUVO QUE ADMITIR QUE, EN CIERTO MODO, LA IDEA NO LE DESAGRADABA—. ¿Y DÓNDE PUEDO ENCONTRAR SEMEJANTE MARAVILLA?
—DONDE QUIERA QUE ESTÉ. BUSCÁNDOLA SIN DESCANSO, SI ES NECESARIO. O QUIZÁ LA CASUALIDAD LA PONDRÁ ENTRE SUS BRAZOS CUANDO MENOS LO ESPERE…
—DE MOMENTO, NO LO HA HECHO; AL MENOS, HASTA QUE EMPRENDÍ ESTE VIAJE…
JEREMIAH LA MIRÓ MALICIOSAMENTE DE SOSLAYO Y ELLA RIÓ. CASI SE HABÍA PERMITIDO ENAMORARSE DE AQUEL HOMBRE. PERO NO PODÍA HACERLO. ERA MUY GRANDE EL LASTRE QUE ELLA HABÍA ACUMULADO EN EL TRANSCURSO DE SU VIDA, Y ÉL MERECÍA ALGO MEJOR.
—¡NO OLVIDE LO QUE LE HE DICHO! —INSISTIÓ EN LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DEL VIAJE.
EL TREN ESTABA A PUNTO DE ENTRAR EN LA ESTACIÓN DE ATLANTA. ÉL YA HABÍA HECHO LAS MALETAS. SE HALLABAN DE PIE EN EL VAGÓN PARTICULAR DE JEREMIAH, QUIEN HABÍA DADO LAS INSTRUCCIONES NECESARIAS PARA DEJARLO A DISPOSICIÓN DE AMELIA Y SU DONCELLA. EL VIAJE HASTA SAVANNAH LES LLEVARÍA SÓLO UNAS HORAS, PERO NO ERA PRECISAMENTE EN SAVANNAH EN LO QUE AMELIA ESTABA PENSANDO. SÓLO PENSABA EN ÉL, Y ÉL EN ELLA.
—¡MALDITA SEA! ¿POR QUÉ NO QUIERE CASARSE CONMIGO? —JEREMIAH LA MIRÓ TIERNAMENTE, CON UNA MEZCLA DE PASIÓN Y DESCONSUELO—. ES USTED UNA TONTA.
—YA LO SÉ. —LOS OJOS DE AMELIA SE LLENARON DE LÁGRIMAS—. PERO QUIERO ALGO MEJOR PARA USTED.
—USTED ES LO MEJOR QUE EXISTE.
ELLA AGITÓ LA CABEZA, Y LAS LÁGRIMAS SE LE DESLIZARON POR LAS MEJILLAS EN EL MOMENTO EN QUE ESBOZABA UNA SONRISA.
—LE AMO, QUERIDO AMIGO.
AMELIA LE RODEÓ CON SUS BRAZOS Y ÉL LA ATRAJO HACIA SÍ EN UN ABRAZO QUE DURÓ HASTA QUE EL TREN SE DETUVO. ENTONCES, JEREMIAH SE SEPARÓ DE ELLA PARA VOLVERLA A MIRAR.
—YO TAMBIÉN. CUIDE DE USTED, QUERIDA MÍA. IRÉ A VERLA A NUEVA YORK, SIN TARDANZA.
AMELIA ASINTIÓ CON UN MOVIMIENTO DE CABEZA Y LE HIZO ADIÓS CON LA MANO CUANDO DEJÓ EL TREN, Y JEREMIAH SE DESPIDIÓ DE ELLA DEL MISMO MODO DESDE EL ANDÉN. MIENTRAS EL TREN ARRANCABA, JEREMIAH SE PREGUNTÓ POR QUÉ EL MISMO AZAR QUE LE HABÍA TRAÍDO A AMELIA PERMITÍA AHORA QUE SE ALEJARA DE ÉL. NUNCA HABÍA HABIDO UNA MUJER COMO ELLA EN SU VIDA…, Y PROBABLEMENTE NO VOLVERÍA A HABERLA… Y LO MÁS SORPRENDENTE ERA QUE ÉL, CON TODAS SUS APRENSIONES Y TEMORES, SE HABRÍA CASADO AL INSTANTE CON AQUELLA DESCONOCIDA. ERA EXTRAÑO. SU APASIONADO ENAMORAMIENTO DE AMELIA HABÍA SIDO CUESTIÓN DE DÍAS, DE HORAS, DE MINUTOS… Y, EN CAMBIO, TRATÁNDOSE DE MARY ELLEN, SE HABRÍA CONTENTADO CON TODA UNA VIDA DE SÁBADOS TAN SÓLO. MIENTRAS EL PANORAMA DE LA CIUDAD SE DESLIZABA A AMBOS LADOS DEL COCHE QUE LE CONDUCÍA AL HOTEL, JEREMIAH PENSÓ QUE ERA ALGO QUE MERECÍA UNA PROFUNDA REFLEXIÓN.