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Gracias, Jane Eyre

Surcar una vez más las ideas que yacen entre las líneas que le dan vida, pasión, intensidad, dolor y alma a cada página es una experiencia que raya en lo sublime, casi en lo beatifico. Navegar por el mar de emociones que se entrelazan entre el verbo y sustantivo es recordar el valor de la vida humana; dibujar una vez más en nuestros corazones la razón del porqué estamos aquí en este mundo. Caminar de tu mano a lo largo de cada capítulo es resignificar lo que es el "amor", es darle una nueva vida a lo que ya vive en mi interior, el amor. Compartir valores e ideas contigo es saberme acompañado, olvidarme de la extrañeza que a veces me provoca el mundo que me rodea; es acordarme nuevamente de lo maravillosa, hermosa, exquisita que puede ser la vida cuando se vive en el amor. Pero no ese amor fantasioso que reencarna sin cesar en la modernidad corrompida; sino ese amor que nos honra y nos acerca a lo divino, a la gracia de recordar que somos humanos, y que es dentro de aquella naturaleza

Surcar una vez más las ideas que yacen entre las líneas que le dan vida, pasión, intensidad, dolor y alma a cada página es una experiencia que raya en lo sublime, casi en lo beatifico. Navegar por el mar de emociones que se entrelazan entre el verbo y sustantivo es recordar el valor de la vida humana; dibujar una vez más en nuestros corazones la razón del porqué estamos aquí en este mundo. Caminar de tu mano a lo largo de cada capítulo es resignificar lo que es el "amor", es darle una nueva vida a lo que ya vive en mi interior, el amor.

Compartir valores e ideas contigo es saberme acompañado, olvidarme de la extrañeza que a veces me provoca el mundo que me rodea; es acordarme nuevamente de lo maravillosa, hermosa, exquisita que puede ser la vida cuando se vive en el amor. Pero no ese amor fantasioso que reencarna sin cesar en la modernidad corrompida; sino ese amor que nos honra y nos acerca a lo divino, a la gracia de recordar que somos humanos, y que es dentro de aquella naturaleza que hemos nacido para amar y ser amados, pues fue lo que nuestro Padre Celestial nos enseñó...

Jane Eyre, gracias por cada relato, por cada emoción y sentimiento que despertaste en mí, por cada fibra de mi corazón que tus palabras en tinta lograron tocar, por cada lagrima y sonrisa que en mi corazón se bosquejaba al acompañarte con la mirada y con el tacto, por cada sensación de soledad y desolación que en algún momento nos hizo semejantes, pero también por el amor que esparcías, inclusive en los días duros donde le pedía a Dios que te concediera sueño eterno para ya nunca más despertar aquí, sino, hacerte una más en el mundo de lo eterno, de lo sagrado, de lo santificado y puramente divino...

Gracias por haber sido mi acompañante una vez más en invierno... Contigo me supe no solo, contigo me supe entendido en varios momentos. Entre tus líneas sentí como si ellas estuvieran leyéndome a mí, entrando en lo más profundo de mi ser, arrancando lo malo, para en su lugar, sembrar semillas de amor, dicha y gozo que darán vida a un nuevo jardín que será más verde y fructífero que nunca, porque a través de ti, mi alma se abrió de nuevo a sentir la calidez del amor, y en el amor entrará la luz que alimentará a lo plantado en mi interior...

Gracias Jane Eyre...