Y llegaste a mi vida así sin avisar, sin pedirme permiso entraste en mi corazón, sin preguntarme, con cada conversación tu nombre se iba bordando con hilos de oro en lo más profundo de mi ser, en aquellos lugares que solamente pocos han conocido. Así como si nada, sin darme cuenta, iba cayendo preso dentro de tu dulzura y cariño, sin notarlo poco a poco, con tan solamente estar a tu lado, las murallas que alguna vez se levantaron para salvaguardar los escombros de aquel corazón que hace tiempo se atrevió amar sin condición, se iban cayendo a pedazos cargando en cada ladrillo cada uno de los temores y de las dudas que por tanto tiempo me mantuvieron a su merced… En un abrir y cerrar de ojos, el miedo poco a poco se esfumaba en el aire, y en su lugar, con cada brisa que rozaba por mi pecho, nuevos castillos con jardines de jazmines, tulipanes, y margaritas se iban levantando. Un nuevo sol se postraba en aquel horizonte que alguna vez se fusionó con la noche perpetua, pero sin el abrigo d