- Relájate," River encontró su espada y apretó su mango, luego se levantó lo más silenciosamente posible. Paso a paso, se acercaba a los matorrales. Sus ojos ya estaban acostumbrados a la oscuridad, y eso hacía la tarea mucho más fácil. Al acercarse al objetivo, empujó cuidadosamente la punta de la hoja de la rama hacia un lado, lista para repeler el golpe. - ¿Qué es lo que hay? - Erin se levantó para ver al invitado de la noche, y River se puso en cuclillas, y una fría y húmeda nariz de loba gris yaciendo en el suelo le clavó la palma de la mano. Curiosamente, River ni siquiera pensó en por qué el animal no los había atacado, como lo habría hecho la bestia salvaje. - Era un lobo. - ¿Un lobo? - La niña se acercó a River con curiosidad, mirando a los brillantes ojos de la razón de su miedo. - Pero, ¿qué está haciendo aquí? - ¿Cómo puedo saberlo? Erin pasó suavemente su mano sobre la dura lana de la bestia. - ¡Qué bonito! Bien -dijo ella, ya le había dado una palmadita en el cuello-. E